Cuando mi marido y yo empezamos a vivir juntos hace 7 años había broncas cada dos por tres. Eran
peleas de convivencia, que no ponían en riesgo la estabilidad de la pareja, pero sí
levantaban mucho dolor de cabeza. La peleona de la casa soy yo, me enfadaba que él es "muy bien mandao", pero yo quería que se le ocurriera poner la lavadora, cambiar las sábanas o pasar la fregona sin que yo se lo pidiera.
Años después la temática de las discusiones cambió y como no nos caracterizamos por nuestra originalidad, pasaron a tratar
sobre mi suegrísima. Aquellas peleas sí que podrían haber puesto en riesgo nuestra pareja, pero también las superamos.
Pasada aquello y después de la boda (que también tensó la cuerda), podemos decir que
hemos pasado un año y pico con una estabilidad asombrosa: pocos malentendidos, menos peleas, riñas,... Ni las hormonas del embarazo podían con nosotros!
Nació nuestra hija, y aunque
las primeras semanas parecía que nos íbamos a librar de los "temblores" que provoca la llegada de un bebé en la relación, poco a poco han vuelto a aparecer algunos reproches entre nosotros. Casi siempre después de un episodio llanto de nuestra bebé. Casi siempre cuando uno de los dos pasa solo con la niña estos episodios. Y por tanto, casi siempre soy yo quien provoca la discusión (porque se pueden contar con los dedos de una mano las veces que me separo de la niña). Me ponen enferma los días que él se va a hacer deporte después del trabajo, llega a casa no antes de las 9 de la noche y no saco tiempo para hacer mis ejercicios de recuperación del suelo pélvico (¡me enfado tanto que llego a decirle que con el siguiente parto a la vez que me hagan la episiotomía voy a pedir que le corten la cola y así nos recuperamos juntos!).
Sin embargo
ayer fue él quien estalló. Vinieron mis tíos a pasar el fin de semana a casa de mis padres y me acerqué a saludarles. Vivimos a escasos 3 minutos, así que viendo que me entretenía con mis tíos, llamé a mi marido desde allí para preguntarle cómo estaba la niña. Me dijo que bien y seguí un ratito hablando. Una hora y media después volví a casa y
me recibió una fiera echándome en cara que me estaba esperando desde hacía media hora, que la niña estaba protestando y sólo se calmaba con paseítos y el chorro del agua, que le dolía la espalda,... Bueno, en resumidas cuentas
estaba saturado de protestas del bebé.
Me habían contado que tras en nacimiento de un bebé la pareja atravesaba una crisis. Yo no creo que nosotros estemos pasando por una crisis, estamos conociéndonos en esta nueva faceta y supongo que necesitamos llegar a un nuevo equilibrio, ¡solo espero que llegue pronto!