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lunes, 9 de febrero de 2015

¿Hay alguien ahí?



Estoy de vuelta con menos ideas para escribir sobre productos de puericultura, 
...y más sobre lo difícil de conciliar maternidad y trabajo.
Con menos ganas de mirar las estadísticas,
...y más de soltar pensamientos.
Con menos compromiso de publicar puntualmente,
...y más de sentir cada palabra.

Vuelvo a empezar. 





miércoles, 7 de agosto de 2013

Accidentes domésticos

Hace unas semanas que soy un peligro para mí misma: me tropiezo, cojo los cuchillos y ¡uuuuuuy!, he roto un frasco de colonia en el baño (no andar descalzos en el baño, curiosa tarea...), se me ha estallado un bote de sal en la mano con corte incluido (ademas de los 7 años de mala suerte), me quemo al cocinar... Un riesgo para mi integridad se esconde tras el más inocente de los objetos.

Yo puedo ser atolondrada, descuidada y llena prisas, pero esto ya es demasiado. Creo que el problema es que intento estirar el tiempo como si fueran chicle y llegar a todo: cuidar a mi bebita como el tesoro que es, poner algo de orden en casa (al menos tirar los pañales sucios), hacer la compra, la comida, arreglarme adecentarme, pasear al perro,... Y vaya por delante que nadie me exige nada, simplemente paso muchas horas sola y siento que debo hacerlo. Porque me creo superwoman y porque yo lo valgo.

Ya he hablado de las exigencias a las que estamos sometidas las mujeres (aquí puedes leer la entrada). Quizá pienses que tú no, y no puedo más que darte la enhorabuena, pero déjame creer que es un problema generalizado y no soy la única pava que se siente así.

Cada uno de los roles de madre, amiga, hija, pareja, trabajadora,... hacen que otras personas esperen cosas de nosotras y lo que es peor, que nosotras sintamos que tenemos que hacer determinadas cosas y culpabilidad si no "cumplimos". Por ejemplo, yo creo que como mi marido madruga para ir al trabajo y yo me quedo en la cama (estoy con el permiso de maternidad), debo tener la comida hecha para cuando llegue. O siento que tengo que quedar con una amiga porque es muy buena, aunque a mi lo que me apetece es tirarme en el sofá con mi nena agarrada a la teta y mi marido al lado. 

En definitiva, creo que me accidento porque estas obligaciones autoimpuestas me hacen tener que exprimir mi tiempo al máximo y me encuentro haciendo la comida con mi hija en brazos ¿cómo no voy a romper el bote de sal? Y lo que más rabia me da es que tanta prisa a veces me impide disfrutar del momento.

¿Os ocurre también a vosotras? ¿Algún truco para ahuyentar exigencias?

jueves, 24 de enero de 2013

Lágrimas de madrugada

Son las 6.00 de la mañana, no es una hora tan rara para estar despierta. No, si no te cuento que ayer salí de trabajar a las 22.00 h y que el ardor de estómago me tiene despierta desde las 4. No, si me callo que tengo una barriga de 36 semanas con un bebe dentro que me recuerda que existe (gracias a Dios!) cada dos por tres.
Y no me puedo quejar de jefes y compañeros, que si supieran que hace días que no descanso igual (pero de verdad, y no cuando se lo comento de pasada tomando café), que me duelen las piernas si no me levanto de mi silla en muchas horas,... Estoy segura de que me comprenderían.
Mi marido esta lejos, a miles de kilómetros, y gracias al cielo estoy en casa de mis padres que me cuidan y me acompañan.
Mientras escribo se me caen las lágrimas, se me caen a chorro. Por eso he empezado a escribir, para descubrir qué me ocurría esta noche, si hace nada hablaba de la maravillosa droga del embarazo que conseguía que nada ni nadie me pudiera sacar de mi estado de satisfacción permanente.
Parece que la droga ha remitido, o me he hecho inmune a ella, o ha sido sustituida por la de la melancolía y autocompasión, o quizá la situación es más extrema de lo que me parece y tengo razones para ello.. Ni lo sé ni sé si me ayudaría mucho saberlo.
Pero si sé cómo me siento: me siento fuera de lugar en el trabajo, porque por mucho que me digan lo "ligera que se me ve" o lo "bien que lo llevo", yo no me siento ni ligera ni bien. Porque entiendo a mi cuerpo, entiendo estos ardores y el insomnio, entiendo que le duela estar sentado, que no duerma del tirón, que "le tire" el nido.. Pero no puedo más que acariciarlo (acariciarte) bajo el teclado del ordenador y pedirle sólo un poquito más.
Porque no hay día en que alguien no me cuente que pidió una baja 4, 6 u 8 semanas antes de dar a luz, y que yo no me sienta idiota y en deuda con mi bebé y conmigo. Pero tampoco hay día en que no me encuentre con la historia de "me di de baja el viernes y el domingo estaba de parto" (o peores), y entonces me vea pusilánime y me exija un poco más.
Insomnio, ardor, punta de trabajo, mi pareja a miles de kilómetros y mañana empieza un fin de semana de lío familiar por doble motivo: un fallecimiento y una separación.
Se me caen las lágrimas y no se porqué...

sábado, 19 de enero de 2013

Poner o no pendientes, esa es la cuestión

He leído por ahí que no hará mucho más de 100 o 200 años que se implantó en Europa la tradición de que todas las mujeres llevemos pendientes, si bien es cierto que adornar las orejas es una costumbre que viene de muy antiguo (la Biblia hace referencia a ellos y hasta los romanos hacían agujeros a sus niñas).
En Europa, durante el Renacimiento y el Barroco la moda era usar un sólo pendiente, pero en los siglos XVII y XVIII casi desaparecieron de los lóbulos de las fashion victims de la época porque las pelucas y los grandes peinados ocultaban las orejas. Fue a finales del siglo XIX cuando los pendientes volvieron a causar furor, aunque se usaban esos de pinza que no requieren agujero (claro, que quizá con la falta de higiene tampoco era muy recomendable dejarse perforar el lóbulo de la oreja)...

Me acabo de plantear qué hacer con los agujeros de las orejitas de mi bebé.
Algunas madres nos recomiendan que pongamos los pendientes a nuestra niña lo antes posible, al poco de nacer, porque el recién nacido no siente dolor, o al menos no lo recuerdan. Sin embargo, si leemos un poquito (por ejemplo aquí), encontramos cosas como esta:
Durante años ha existido la falsa creencia de que el recién nacido, por su inmadurez biológica, percibe menos el dolor y lo tolera mejor, estando actualmente demostrada, en diversas investigaciones en campos como la psicología, anatomía y neurofisiología del recién nacido la falsedad de ambos asertos. Esta concepción errónea del dolor en el neonato ha motivado un insuficiente tratamiento del mismo, con las consiguientes consecuencias sobre la salud física y psíquica del recién nacido. 
En cualquier caso, a mí me hicieron los agujeros bastante mayor y no recuerdo la experiencia excesivamente dolorosa (más bien pasé susto), así que tampoco creo que cause un  gran sufrimiento a nuestras pequeñas.
También me dicen que si no le ponemos pendientes, nadie sabrá que es una niña. No dudo que esto sea cierto, pero la verdad es que tampoco veo la necesidad de "sexualizar" la imagen de mi hija a tan tempranísima edad, más allá de alguna prenda rosa. La niña tendrá nombre (lo tiene ya) y éste no deja lugar a dudas: su sexo es femenino.

Pero también me he encontrado el punto de vista contrario, de quienes consideran que hacer los agujeros en las orejas de una recién nacida es un exceso de "dominio paternal", e incluso he llegado a escuchar que podría entenderse como una "mutilación". Yo no puedo defender esta postura, veo grandísimas diferencias entre unos agujeros en los lóbulos de las orejas y una mutilación, si bien es cierto que nunca me he planteado hacerme más agujeros o un tatuaje porque no comparto la idea de "para estar bella hay que sufrir (tanto)".

Lo que verdaderamente me ha convencido es lo siguiente:
  • En unas orejitas tan pequeñas, es mucho más difícil hacer el agujero en el centro, por lo que corremos el riesgo (pequeño riesgo, claro) de que los pendientes queden menos estéticos (y al fin y al cabo los hacemos por estética) e incluso demasiado cerca del borde de la oreja, provocando riesgo de desgarros cuando sea más mayor.
  • No se me quita de la cabeza que se pueda enganchar el pendiente o la tuerca en algún jersey o toquilla, y eso ¡sí que duele!
  • Sería bastante contradictorio que me pase tardes de domingos revisando los botones y lazos para asegurarme de que están bien cosidos y no hay riesgo de que se lo trague, y le ponga unos pendientes con sus tuerquitas. Que sí, que los hay de rosca que son más seguros, pero hasta a mí se me han caído por ponérmelos mal alguna vez. Lo mismo opino de pulseras, cadenas o cualquier abalorio en recién nacidos.
  • Creo que un agujerito en el lóbulo de la oreja no deja de ser una pequeña heridita susceptible de infectarse. No le veo el sentido a someterla a ese (pequeño) riesgo mientras esterilizo cada cosa que toca, y sobre todo teniendo toda la vida por delante para hacérselos (no creo que a los 3, 4 o 5 años sea muy mayor).
Así que esa es mi decisión: mi hija no llevará pendientes de momento. Algún día me imagino que nos pedirá que la acompañemos a hacerse unos agujeritos, y juntas elegiremos los pendientes que más le gusten. Y ese día sus orejas serán algo mayores, con lo que sus agujeros quedarán más centrados, su sistema inmunitario estará más desarrollado, tendremos menos riesgo de ahogos o atragantamientos y, además, puede que hasta sea una bonita experiencia acompañarla en esa pequeña decisión.

¿Os habíais planteado el tema de los pendientes? ¿Qué os ha llevado a tomar vuestra decisión?

miércoles, 9 de enero de 2013

Esa droga llamada embarazo...

Si hace 8 meses hubiera tenido que definirme, el adjetivo "nerviosa" hubiera tenido uno de los primeros puestos de la lista (y eso porque un alto concepto de mí misma me impide decir ansiosa). En general, no me cuesta mirar al futuro con optimismo, lo que me cuesta es pararme a disfrutar del momento y de los pequeños retos conseguidos. Me hace feliz llenarme la cabeza de pájaros y proyectos, de ideas para emprender un negocio por nuestra cuenta o para mejorar nuestra vida (ahora ando liada con un excel de recetas que me haga la lista de la compra semanal...), pero tanto plan de futuro me impide parar, mirar a mi alrededor y simplemente disfrutar de lo que estoy viviendo, como si lo verdaderamente bueno "estuviera por llegar".
Pero con el embarazo, esto ha cambiado. Evidentemente el cambio no lo noté durante las primeras semanas, en las que los miedos después del falso positivo me hacían ver señales de manchados y pérdidas de embarazo. Además, embarazada de 9 semanas perdí a mi tía sin esperármelo, hacia la 16 decidimos buscar casa para mudarnos, también me creó preocupación mi posible reacción si mi bebé fuera un chicarrón y no una bebita como deseaba (¡verás qué marimacho me va a salir por desear tanto una niña sin motivo alguno!)...
La barriga "serena"
Pero pasadas las 20 semanas de embarazo, empecé a notar que "todo me resbalaba", cada día un poquito más.
Y motivos para alterar a alguien alterable como yo no me faltaban. Por un lado estaba la mudanza que, aunque era de esperar que fuera una enorme fuente de estrés, sólo me sacó de mis casillas un día en el que toda la familia de mi marido se ofreció a ayudarnos, y allí estaban todos, unos sentados sobre las cajas, otros preguntándome que qué hacían, el perro de los nervios por ver a tanta gente... y yo sólo quería estar sola e ir colocando poquito a poco (lo sé, estáis pensando que soy una bruja y que vaya desagradecida que estoy hecha). Pero pese a ese día, el resto lo hemos hecho con tranquilidad, a nuestro ritmo e incluso disfrutando cada nuevo mueble y cada armario en orden.
Por otro lado, pasada la ecografía de las 20 semanas, cambié mi expediente de hospital. Y entre huelgas y líos varios no me ha vuelto a ver un especialista ni a hacer una ecografía hasta la semana 33, ¡casi 3 meses de embarazo sin que nadie me dijera que "aquello iba bien"!. Pues yo estaba tan pancha, sabía que todo iba bien, notar a la pequeña y jugar a agarrarle sus piernecitas no me dejaba lugar a dudas, (pese a que mi ingeniero favorito insistiera en eso de "si no lo veo, no lo creo").
A esto hay que sumarle el tema del tabaco. Siempre me ha puesto enferma que se fume "a lo chimenea" delante de no fumadores. Os puede parecer una tontería, pero en casa de los padres de mi marido se fuma sin cesar: en el baño, en la mesa, en la cocina, ordenando, limpiando, comiendo... y pensaba que esto unido a mi intolerancia nos causaría más de un problema. Pues curiosamente he tratado de ser comprensiva (aunque me sigue sorprendiendo que la gente fume delante de un bombo de 8 meses) y apartarme sin incordiar al fumador.
Y por último, la familia y amigos con sus preguntas de "¿ya tienes todo?". En la semana 34 aún me faltan un montón de cosas (sábanas para la cuna, el colchón, el saco del cochecito, el grupo 0 para el coche,...), pero me da igual: voy a mi ritmo y no quiero agobios.
En fin, bendita droga llamada embarazo... 

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Revuelto de recuerdos

Mi embarazo sigue avanzando y ya hemos llegado a la semana 32, y no sé si por mi próxima maternidad, desde hace unos días vienen a mi cabeza recuerdos bastante amargos de mi adolescencia relacionados con mi madre.
Me viene a la cabeza uno de sus cumpleaños en que la hicimos un regalo (bastante marujil, para qué negarlo) y se enfadó muchísimo con nosotros, pero creo recordar que en especial conmigo (tendría unos 15 años). También recuerdo malentendidos que surgían entre nosotras y que tenía completamente enterrados, y otras tantas imágenes que no veo sentido revivir.

Cuando mi madre estaba embarazada de mí, murió su madre. Nunca hasta ahora me había dado cuenta de que al propio dolor de perder a tu madre, hay que añadir que la pérdida se produzca en un momento como este que estoy viviendo. Quizá esto puede justificar que mi madre no siempre fuera la persona más feliz del mundo durante mi infancia o tuviera comportamientos que entonces normalizaba y ahora me parecen mucho más que extraños. Cierto es que no creo que fuera fácil convivir conmigo durante mi adolescencia, pero echando la vista atrás me da la sensación de que en algunos momentos no éramos más que dos "desequilibradas".
Por supuesto todo aquello pasó y ahora mantengo una relación de complicidad con mi madre que creo que es bastante buena y saludable (salvo excepciones), por lo que no entiendo qué hacen todos esos fantasmas del pasado aflorando de nuevo.

¿Os pasó/está pasando algo parecido? ¿ Encontráis alguna explicación?

martes, 13 de noviembre de 2012

También fuisteis primerizos

Hasta el moño estoy de los comentarios de mis padres, tíos y  suegros fingiendo estar alucinados cuando les comentamos nuestras inquietudes respecto a la compra de un cochecito de bebé u otro, o un cambiador. Hasta el moño de que me llamen "primeriza" como quien dice "pusilánime", porque señores, el que ha tenido 5 hijos también fue primerizo.

Esta semana cumplo mi semana 26 de embarazo, y contando a la antigua usanza, estoy de 6 faltas: Esto significa que dentro de 3 meses nuestra pequeña estará ya entre nosotros. En estas 26 semanas (23 desde que me enteré de que estaba embarazada), ni mi marido ni yo hemos perdido la cabeza comprando nada para nuestra hija, sencillamente no hemos invertido un euro en la llegada de nuestro bebé. ¿Por qué? Hay mil razones:

  • Porque al principio todo el mundo te dice que no compres nada, que no te hagas ilusiones.
  • Porque estuvimos los primeros 4 meses dudando si continuar en nuestra casa o mudarnos: veíamos casas, estudiábamos precios,...
  • Porque una vez decidimos mudarnos, tardamos un mes en tener la casa al nivel que nos gusta: limpia, pintada, y con todo funcionando (sólo disponemos de fines de semana)
  • Porque llevo 15 días durmiendo en mi nueva habitación, 15 días de colgar cortinas de ducha, colocar ropa en armarios, ordenar cocina,...
Y ahora que todo empieza a estar en orden,  que vamos ganando tranquilidad, decidimos centrarnos en conseguir los siguientes productos con toda la ilusión del mundo:

  • Una mini-cuna de colecho, que bien puede ser una de IKEA tuneada por mi marido
  • Un cochecito de bebé con capazo "no homologado" y hamaca
  • Un Grupo 0+ para el coche
  • Una colchoneta-cambiador que pondré sobre una cómoda de mi habitación
  • Una bañera tipo Tummy-tub o Puj, estamos decidiendo

Son 4 cosas exactamente. Dudo mucho que entrando en el último trimestre de embarazo se me pueda tachar  de obsesiva, y mucho menos  a mi marido. Pero si me preguntas que hice el sábado, te contestaré que estuve mirando y comparando en internet precios y calidades de mini-cunas.Y el domingo fuimos a un centro comercial a ver cochecitos.

¿Eso me obliga a aguantar miradas condescendientes de los tíos y padres de ambos, que incluso me atrevería a calificar de acusaciones e impertinencias?:

  • ¡Qué pesados sois! ¿Tanto lío para un cochecito? Más brazos y menos carrito, hija. Coge el más bonito y punto. Sí, y me gasto entre 700 y 1000 € en una cosa bonita, claro!
  • Vuestra generación es muy consumista: ¿cambiador? Es un trasto, toda la vida os hemos cambiado en la cama, en el sofá,... Pues porque no se te ocurriría poner una colchoneta en la cómoda de tu dormitorio, en la mesa del comedor... Imaginación al poder! Y no es mi generación la que nos ha llevado a la crisis, ni necesito un crédito para pagar mi Ford "Fiesta-familiar".
  • ¿Sabes lo que te hace falta? Unos biberones.  -Pues es que no quiero comprar biberones, tengo una farmacia delante de casa y ya recurriré a ella si hacen falta. -Pero aunque le des de mamar, habrá que darle agua. -No, con LM no debe darse agua. -Pues suero.  Ohmmmmm...
¿Os ha pasado lo mismo? ¿Conseguían sacaros de quicio? Quizá sean las hormonas del embarazo.
Mamás de 2, de 3 o de más, ¿qué es lo que molesta tanto de los "primerizos"?

lunes, 8 de octubre de 2012

¿Niño o niña? Desvelando el misterio

Como diría Baballa, perdonad que tire de esamarcaquenomepatrocina para dar la noticia:


Mil gracias a todas: AnnP, Opiniones Incorrrectas, Nuria, Yo misma, Amagicmother; Madi, Mamá Ciruela, Mo, Mi Alter Ego, Dunia,... porque escribí ese post ACOJONADA por todas las críticas que podían caerme ante un deseo tan infantil, y no sólo no me encontré críticas, sino que conseguisteis que pensara que tener preferencias es ¡hasta normal! o al menos no me tachaba de malísima pre-madre. 

¡GRACIAS!

miércoles, 3 de octubre de 2012

¿Niño o niña?

Por fin, por fin mañana tenemos la ecografía de las 20 semanas. Verán cada uno de sus pequeños aparatos y más pequeños órganos, contarán sus deditos (en la eco de las 12 semanas contaron sus extremidades, y ante nuestra sorpresa dijeron con total seriedad "cuatro extremidades: dos brazos y dos piernas"), comprobarán si crece con normalidad...y nos dirán si es niño o niña. En este momento todos los nuevos padres dicen "me da igual lo que venga, sólo me importa que venga bien".

Pues aquí tenéis a una futura madre con la progesterona que se le sale por las orejas, porque estoy llena de optimismo y energía. A esta futura madre que da por hecho que "todo va bien", sólo le interesa que mañana le desvelen el misterio.

Nota: repito que, supongo que por acción de las hormonas del embarazo, estoy en un momento hiper-optimista y la de que no todo vaya bien ni se me pasa por la cabeza.

Vaya por delante que deseo mucho, muchísimo a est@ hij@. por nada del mundo quisiera cambiar a mi feto por el de mis compañeras embarazadas ni por ningún otro. Lo quiero, sea niño o sea niña, pero me preocupa mi reacción si es un niño.


Toda la vida me he visto madre de niñas, de una o de dos, quizá de un chico y una chica... pero alguna niña había en mi imaginación. De hecho, cuando me enteré de que estaba embarazada daba por hecho que era una niña (luego empecé a mentalizarme) e incluso tengo nombres de niña buscados... y no de niño.

En mi opinión, los padres no estamos para recibir hijos maravillosos con preciosos tirabuzones rubios. Creo que elegimos ser padres como un acto de generosidad y de entrega absoluta, asumiendo que el hijo/a no viene a hacernos felices, sino a aprender (de nosotros) a serlo.

Por eso no me esperaba sentir nervios a menos de 24 horas de conocer algo que casi debería ser anecdótico de nuestr@ pequeñ@. Os parecerá (como me lo parece a mí) superficial, pero si os soy sincera, así me siento: algo asustada ante mi posible reacción... y algo decepcionada ante este pensamiento.


lunes, 17 de septiembre de 2012

Pesadillas del embarazo: ¿Dónde he puesto al bebé?

Esta noche ha sido movidita, hoy es mi primer día en el trabajo tras las vacaciones y me he pasado media noche soñando que era incapaz de abrir el correo electrónico, que miraba cosas delante de mi (nueva) jefa y sólo conseguía abrir facebook y otras mil cosas más.

Pero lo que más me ha impactado, es una "minipesadilla" que he tenido relacionada con el parto:

Me encontraba en una cama del hospital y, entre contracciones no muy fuertes, daba a luz a un bebé del tamaño de una muñeca barriguitas y muy poco formado. El parto había resultado facilísimo, pero con ese bebé tan pequeño, no era raro. 
Yo andaba preocupada por llamar al padre de la criatura (mi marido, menos mal!), al que se me había olvidado avisar. El ginecólogo que me había atendido estaba desaparecido, y yo solita me puse al microbebé al pecho, pero aquello resultaba dificilísimo, dolía y no salía nada. Entonces llegaba mi marido y le enseñaba a su hij@. Más tarde llegaban mis padres que, lógicamente querían conocer a su niet@ y... ¡¡horror, habíamos perdido al bebé entre las sábanas!! Era tan pequeño que no lo encontrábamos por ningún sitio y yo era incapaz de recordar dónde lo había dejado.
"Da  igual", decía mi madre, "podéis tener otros...". 

Vaya nochecita...

miércoles, 1 de agosto de 2012

El ciclo vital

Me había imaginado mil veces cómo le contaría a mi familia (y no me refiero a papá+mamá+hermano, que lo supieron casi tan pronto como yo) que dentro de poco "todos" querría decir "uno más". Pensaba hacer una cena en casa, tener una excusa para reunirnos, o quedar en alguna terraza veraniega,...

Pero de repente, a la semana de ver mi positivo y sin venir  a cuento, tú, que siempre me llamabas Miss Madrid, empezaste a ponerte pachucha. Como si de una carrera se tratara, a los poquitos días ya estabas en la UVI, sedada y llena de tubos, e ibas pasando por todas las infecciones y complicaciones. Tu cuerpo tomaba todos los "caminos B", como nos explicaron los médicos.

Semana a semana yo me llenaba de vida y tú te marchitabas. Mientras, las lágrimas de alegría y tristeza se mezclaban en los ojos de mi padre.

Hacia la semana 9 de mi embarazo nos diste el primer susto: te apagabas. Eso bastó para que todos abandonáramos nuestros planes y nuestras rutinas (trabajos, vacaciones, viajes,...) y nos juntáramos a los pies de tu cama a las horas permitidas por la UVI a soplarte un poquito de vida.

Te susurré al oído que estaba esperando un bebé, y superaste ese jueves. Pero en nuestras caras se quedó el susto, en nuestros sueños se quedó el miedo, y una idea no nos abandonaba "podías irte en cualquier momento". Y en una comida en la que brindábamos por el 80 de ese día (tu nivel de oxígeno), lo solté. De la misma manera en la que siempre me lo había imaginado, con todos juntos alrededor de una mesa, sin prisas, queriéndonos...  Sin duda hay que tener cuidado con lo que se desea, porque podemos llegar a conseguirlo.

Y fue cuestión de días que tu corazón no pudiera más.





miércoles, 2 de mayo de 2012

Hurra por mi matrona!!

En mi entorno hay mucho sanitario: cirujanos, una pediatra, varias matronas, y hace poco hemos tenido una nueva incorporación al mundo sanitario: un representante de una empresa de crioconservación de cordón umbilical. Vaya por delante que todos, todos ellos se dejan el alma cuidando de nosotros (y vosotros). Pero juzgad vosotros mismos:

Hace unos día, el representante del banco de conservación, le ha ofrecido a una de las matronas "promocionar" su empresa entre las embarazadas que vayan a su consulta. La matrona en cuestión, que no comulga con estas ideas, le ofrece dejar la información en su consulta para que quien la quiera coger, la tenga disponible. Pero queda claro que ella no lo promocionará en sus clases de preparación para el parto.

El represantante, que la conoce, se lo agradece sinceramente,  la besa para despedirse porque ha quedado, y de repente recuerda -No olvides comentar a las mujeres que cuando llamen, nos digan que vienen de tu parte, porque os pagamos 100 € por servicio contratado-.

Ella, que gracias a Dios no tiene problemas económicos, rechaza esta oferta: "los profesionales de la sanidad pública no podemos aceptar gratificaciones por parte de los laboratorios, y menos aún económicas y en temas tan controvertidos como este". Él se sorprende, lleva 800€ en el bolsillo porque ha quedado con otro profesional que les ha conseguido clientes.

Con esto no quiero demonizar a unos o a otros, sólo hacer público que cuando se mueve dinero, casi todo se corrompe, y más nos vale investigar por nuestra cuenta...

Y por supuesto, ¡¡¡hip, hip hurra por mi matrona!!! Aunque ella siga diciendo que sólo hace lo que tiene que hacer.


P.D. Que conste que si a la matrona le ha dejado sorprendida la "política de captación de clientes" de esta empresa, es porque las demás no funcionan de esta manera. Evidentemente no es la primera que contacta con ella y sí es la primera que le ofrece dinero...












lunes, 23 de abril de 2012

Sueños raros

Una de las cosas que más me inquieta del momento en que llegue el embarazo es si soñaré mucho, aunque sé que siempre se sueña y que sólo nos acordamos algunas veces, pero imagino que el subconsciente tiene que estar más que agitado durante esos meses.
Este fin de semana lo he pasado con mis padres y mi marido, lejos del mundo. Me ha venido bien un paréntesis después de todas las emociones que viví la semana pasada con mi primera aventura con los test de embarazo: he descansado, me he reído, hemos comido bien, hemos dormido aún mejor, hemos salido a montar en bici,... un placer!



La noche del sábado al domingo tuve un sueño un tanto inquietante: mi madre me contaba, algo rejuvenecida y feliz, que estaba embarazada. Que ahora que mi padre y ella ya no tenían tantas obligaciones laborales ni con mi hermano y conmigo, les parecía el momento perfecto para ir a por otro hijo. Yo me ponía contentísima, me encantaba la idea, le tocaba la barriga y le confesaba a mi madre que yo también quería quedarme próximamente embarazada.
¿No os parece extraño soñar que tu madre es la embarazada, cuando estás buscando un bebé?

sábado, 14 de abril de 2012

Nuestro pequeño, pequeño, nido

Mi pareja y yo estamos a la caza y captura de un embrión con el que aumentar nuestra familia. Para ser realistas, más bien yo que él.


Uno de los problemas que se nos plantean es el cambio de casa. Vivimos en una casa de alquiler que nos encanta. Tiene una gran terraza, un salón amplio, está cerca de nuestros trabajos (cerca en madrileño...), nos encanta la zona, bien comunicada,... En fin, le encontramos mil ventajas y un pero: pero tiene una sola habitación.

Todo el mundo nos sugiere que si tenemos pensado tener niños, deberíamos mudarnos.Y para cambiar de casa, este momento es el ideal para buscar una que nos guste y se ajuste a nuestro presupuesto sin prisas, y que la mudanza se hiciera antes o durante el embarazo. 

Pero no nos queremos ir. A los motivos económicos (mayor casa, mayor alquiler), se suman los emocionales (nos encanta) y la comodidad. Pero sin duda hay un tercero que también pesa bastante. He visto a mi alrededor parejas que compraban una gran casa pensando en tener pronto un bebé, y ese "pronto" se ha convertido en 3 o 4 años. Y yo, personalmente no creo que llevara muy bien ver la habitación de mi bebé vacía día tras día...  

Así que hemos decidido que aquí seguiremos hasta que no quepamos. Nuestro plan se basa en dos pilares fundamentales: colecho y pocos juguetes. De momento es sólo un proyecto, habrá que definirlo.

¿Seremos capaces de cumplirlo? ¿Lo veis muy utópico?