Tanto mi pareja como yo tenemos carreras superiores. Los dos hemos estudiado hasta dejarnos las pestañas, hemos peleado por llegar a nuestros respectivos trabajos, ambos tenemos horarios similares… y los dos estamos esperando una hija. Leer más...
A nuestro nido acaba de llegar una preciosa bebé para ponerlo patas arriba y dar un giro a nuestras vidas
sábado, 9 de febrero de 2013
¿Quién pide reducción de jornada?
He empezado a colaborar en elembarazo.net y así empieza mi primer artículo. Aunque es algo polémico, es lo que siento. ¡Espero que os guste!:
viernes, 8 de febrero de 2013
Miedo a las ayudas familiares tras el parto
Acabo de colgar el teléfono. Era mi suegra, que está como loca porque nazca su nieta. De hecho lleva estando como loca porque nazca "ya" desde la semana 34, por mucho que yo le explique que antes de la 37 sería prematura, me manda callar diciendo "¡con ocho meses todos los bebés sobreviven!". Y como yo busco las cien vueltas a la pobre mujer, siempre tengo la sensación de que quiere "desembarazarme" lo antes posible, y no me siento a gusto con tanta obsesión.
Pero durante nuestra conversación, me ha contado mi suegra que para evitar la depresión postparto es importante contar con ayuda. Además ella es una experta, pues la vivió en sus propias carnes. Aunque estoy completamente de acuerdo en que para sobrellevar los cambios la ayuda y el apoyo son estupendos, me hace temblar imaginarme en mi casa a mi madre o a mi suegra, por turnos. Mi madre, por su trabajo diario con embarazadas y mamás recientes, es consciente de que muchas veces los familiares dirigen la ayuda a quedarse con el bebé mientras la nueva mamá cocinas limpia/ baja a la compra/ pasea al perro. No se dan cuenta de que la verdadera ayuda es facilitar a mamá y bebé pasar más tiempo juntos y sean ellos los que cocinen/ limpien/ hagan la compra o paseen al perro. Sólo espero que mi suegra también recuerde esto, y no sé si empezamos bien porque las posibles ayudas que me ha ofrecido han sido cocinar, planchar, poner lavadoras... y quedarse con la niña mientras vamos al cine.
También es cierto que otras mamás me han asegurado que la ayuda es más que necesaria y que, pese a las buenas intenciones, la implicación de otras personas en la vida familiar sigue más o menos igual que en el embarazo:
Y en cualquier caso, no quiero ser negativa antes de tiempo. Prefiero pensar en lo afortunada que soy porque cuento con las dos abuelas y lo deseadísima que es mi niña, no sólo por sus padres, sino por toda la familia.
Pero durante nuestra conversación, me ha contado mi suegra que para evitar la depresión postparto es importante contar con ayuda. Además ella es una experta, pues la vivió en sus propias carnes. Aunque estoy completamente de acuerdo en que para sobrellevar los cambios la ayuda y el apoyo son estupendos, me hace temblar imaginarme en mi casa a mi madre o a mi suegra, por turnos. Mi madre, por su trabajo diario con embarazadas y mamás recientes, es consciente de que muchas veces los familiares dirigen la ayuda a quedarse con el bebé mientras la nueva mamá cocinas limpia/ baja a la compra/ pasea al perro. No se dan cuenta de que la verdadera ayuda es facilitar a mamá y bebé pasar más tiempo juntos y sean ellos los que cocinen/ limpien/ hagan la compra o paseen al perro. Sólo espero que mi suegra también recuerde esto, y no sé si empezamos bien porque las posibles ayudas que me ha ofrecido han sido cocinar, planchar, poner lavadoras... y quedarse con la niña mientras vamos al cine.
También es cierto que otras mamás me han asegurado que la ayuda es más que necesaria y que, pese a las buenas intenciones, la implicación de otras personas en la vida familiar sigue más o menos igual que en el embarazo:
- Si durante el embarazo has tenido a determinadas personas tan pendientes que han llegado a resultar pesadas, lo más probable es que esto siga igual tras dar a luz.
- Si alguien te ha ayudado en lo que más necesitabas (y no en lo que más ilusión le hacía), por ejemplo lavando la ropa del bebé y planchándola, o bajando al perro los días que has llegado más tarde del trabajo, como es mi caso, probablemente sigas contando con su ayuda desinteresada.
- Si alguien parecía muy ilusionado pero su implicación ha sido "flojita", no tengas miedo porque de repente no va a sufrir una metamorfosis y seguirá en segundo plano.
Y en cualquier caso, no quiero ser negativa antes de tiempo. Prefiero pensar en lo afortunada que soy porque cuento con las dos abuelas y lo deseadísima que es mi niña, no sólo por sus padres, sino por toda la familia.
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embarazo
miércoles, 6 de febrero de 2013
Desmontando un test de embarazo ClearBlue II: Uno positivo y otro negativo
Una de las entradas que más éxito tienen de mi blog es esta en la que enseñaba esta foto de mi test de embarazo ClearBlue negativo desmontado (puedes leerla entera aquí):
¿Por qué lo desmonté? Porque me encontré con un negativo y no me lo creía. Así que lo abrí esperando encontrar alguna señal de que ese negativo era falso, pero que el test "digital" aún no detectaba mi embarazo. Algo así como una rayita muy poco marcada.
Al final supe que el test tenía razón y NO ESTABA EMBARAZADA :(
Pero así como internet está llena de fotos de test de embarazo ClearBlue desmontados, es casi imposible encontrar un test desmontado positivo. Así que aquí va el mío, embarazada de... ¡37 semanas!:
Resultado: el mismo número de rayas (1 y 2), si bien en el negativo solo se marca una "fuerte", y en el positivo se marcan "fuertes" las 3.
Conclusión: que no tengo ni idea de cómo detectan el positivo estos tests de embarazo, pero no parece que sea igual que en los clásicos tests de embarazo de tiras. Así que antes de volverte loca... NO LO DESMONTES! ;)
![]() |
| TEST EMBARAZO DESMONTADO NEGATIVO CLEARBLUE |
¿Por qué lo desmonté? Porque me encontré con un negativo y no me lo creía. Así que lo abrí esperando encontrar alguna señal de que ese negativo era falso, pero que el test "digital" aún no detectaba mi embarazo. Algo así como una rayita muy poco marcada.
Al final supe que el test tenía razón y NO ESTABA EMBARAZADA :(
Pero así como internet está llena de fotos de test de embarazo ClearBlue desmontados, es casi imposible encontrar un test desmontado positivo. Así que aquí va el mío, embarazada de... ¡37 semanas!:
Conclusión: que no tengo ni idea de cómo detectan el positivo estos tests de embarazo, pero no parece que sea igual que en los clásicos tests de embarazo de tiras. Así que antes de volverte loca... NO LO DESMONTES! ;)
lunes, 4 de febrero de 2013
"Bajón" al final del embarazo
Hace dos o tres días recibí un correo electrónico de Mamá Ciruela (¡gracias por acordarte de mí!) que me hizo preguntarme ¿qué tal estoy?
Durante el primer trimestre de embarazo no noté grandes cambios ni en mi humor ni en mi ánimo, pero a partir del segundo trimestre del embarazo sentía como si flotara, feliz y llena de energía y de vitalidad (y cuando estaba cansada, ¡a descansar!).
Si a estas (casi) 40 semanas le sumas que no hemos vivido ningún susto, incluso la búsqueda fue intensa pero rápida, puedo decir que he tenido un embarazo "de cine". Sin embargo, en la recta final (sobre la semana 35-36) me derrumbé (os lo contaba aquí), y ahora, a dos semanitas de salir de cuentas estoy recomponiéndome y me encuentro bastante mejor (o más estable), gracias a que he conseguido entenderme y darme tregua.
Mi tercer trimestre
Hasta el ecuador del tercer trimestre (35 semanas aproximadamente), dormía del tirón por la noche, sí que tenía alguna molestia pero me encontraba feliz por la llegada "no inmediata" de mi bebé y me sentía guapa (o atractiva, o radiante, no sé),... Y eso me hacía encontrarme bien incluso por las mañanas, camino del trabajo y con la legaña pegá. Me recuerdo subiendo escaleras en el metro protegiendo mi barriguita, feliz y ligera.
Sin embargo, durante el último mes de embarazo han aparecido los dolores de espalda (suaves, no quiero exagerar), noches en las que me cuesta conciliar el sueño, los ardores de estómago, el abrir el ojo a las 4,30 de la mañana, cansancio, muchísimo cansancio, algo de agobio con la preparación de la casa,...
Además la llegada de mi bebé ya es inmediata y me siento en deuda con ella y conmigo misma por no sacar tiempo para pasear, para el masaje perineal, para dedicarme a sus cosas... En fin, noto que estoy descuidando los cuidados 3 en 1 de los que nos hablaba Mamá sin Complejos.
Esto repercute en que a ratos me pongo refunfuñona, triste y me pesa mucho el trabajo, hasta cogerle algo de manía. He llegado a buscar en google "depresión pre-parto", pero no he encontrado nada que cuadre con lo que yo siento. Además, el hecho de verme tan hinchada tampoco me ayuda a encontrarme mejor conmigo misma, y noto que a mi estado de ánimo hay que llevarlo en brazos para mantenerlo arriba.
Por primera vez en mi vida, siento que necesito parar de trabajar. Quiero centrarme en la llegada de nuestra hija y en mí. Quiero recibirla como merece. Quiero una madre vital para ella (joder, 30 años siéndolo y ahora me caigo), así que con algo de sentimiento de culpa y unos cuantos nervios, me voy al médico de cabecera a suplicar mi baja laboral en la semana 38, y espero que no me proponga cogerme el permiso de maternidad...
Durante el primer trimestre de embarazo no noté grandes cambios ni en mi humor ni en mi ánimo, pero a partir del segundo trimestre del embarazo sentía como si flotara, feliz y llena de energía y de vitalidad (y cuando estaba cansada, ¡a descansar!).
Si a estas (casi) 40 semanas le sumas que no hemos vivido ningún susto, incluso la búsqueda fue intensa pero rápida, puedo decir que he tenido un embarazo "de cine". Sin embargo, en la recta final (sobre la semana 35-36) me derrumbé (os lo contaba aquí), y ahora, a dos semanitas de salir de cuentas estoy recomponiéndome y me encuentro bastante mejor (o más estable), gracias a que he conseguido entenderme y darme tregua.
Mi tercer trimestre
Hasta el ecuador del tercer trimestre (35 semanas aproximadamente), dormía del tirón por la noche, sí que tenía alguna molestia pero me encontraba feliz por la llegada "no inmediata" de mi bebé y me sentía guapa (o atractiva, o radiante, no sé),... Y eso me hacía encontrarme bien incluso por las mañanas, camino del trabajo y con la legaña pegá. Me recuerdo subiendo escaleras en el metro protegiendo mi barriguita, feliz y ligera.
Sin embargo, durante el último mes de embarazo han aparecido los dolores de espalda (suaves, no quiero exagerar), noches en las que me cuesta conciliar el sueño, los ardores de estómago, el abrir el ojo a las 4,30 de la mañana, cansancio, muchísimo cansancio, algo de agobio con la preparación de la casa,...
Además la llegada de mi bebé ya es inmediata y me siento en deuda con ella y conmigo misma por no sacar tiempo para pasear, para el masaje perineal, para dedicarme a sus cosas... En fin, noto que estoy descuidando los cuidados 3 en 1 de los que nos hablaba Mamá sin Complejos.
Esto repercute en que a ratos me pongo refunfuñona, triste y me pesa mucho el trabajo, hasta cogerle algo de manía. He llegado a buscar en google "depresión pre-parto", pero no he encontrado nada que cuadre con lo que yo siento. Además, el hecho de verme tan hinchada tampoco me ayuda a encontrarme mejor conmigo misma, y noto que a mi estado de ánimo hay que llevarlo en brazos para mantenerlo arriba.
Por primera vez en mi vida, siento que necesito parar de trabajar. Quiero centrarme en la llegada de nuestra hija y en mí. Quiero recibirla como merece. Quiero una madre vital para ella (joder, 30 años siéndolo y ahora me caigo), así que con algo de sentimiento de culpa y unos cuantos nervios, me voy al médico de cabecera a suplicar mi baja laboral en la semana 38, y espero que no me proponga cogerme el permiso de maternidad...
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jueves, 24 de enero de 2013
Lágrimas de madrugada
Son las 6.00 de la mañana, no es una hora tan rara para estar despierta. No, si no te cuento que ayer salí de trabajar a las 22.00 h y que el ardor de estómago me tiene despierta desde las 4. No, si me callo que tengo una barriga de 36 semanas con un bebe dentro que me recuerda que existe (gracias a Dios!) cada dos por tres.
Y no me puedo quejar de jefes y compañeros, que si supieran que hace días que no descanso igual (pero de verdad, y no cuando se lo comento de pasada tomando café), que me duelen las piernas si no me levanto de mi silla en muchas horas,... Estoy segura de que me comprenderían.
Mi marido esta lejos, a miles de kilómetros, y gracias al cielo estoy en casa de mis padres que me cuidan y me acompañan.
Mientras escribo se me caen las lágrimas, se me caen a chorro. Por eso he empezado a escribir, para descubrir qué me ocurría esta noche, si hace nada hablaba de la maravillosa droga del embarazo que conseguía que nada ni nadie me pudiera sacar de mi estado de satisfacción permanente.
Parece que la droga ha remitido, o me he hecho inmune a ella, o ha sido sustituida por la de la melancolía y autocompasión, o quizá la situación es más extrema de lo que me parece y tengo razones para ello.. Ni lo sé ni sé si me ayudaría mucho saberlo.
Pero si sé cómo me siento: me siento fuera de lugar en el trabajo, porque por mucho que me digan lo "ligera que se me ve" o lo "bien que lo llevo", yo no me siento ni ligera ni bien. Porque entiendo a mi cuerpo, entiendo estos ardores y el insomnio, entiendo que le duela estar sentado, que no duerma del tirón, que "le tire" el nido.. Pero no puedo más que acariciarlo (acariciarte) bajo el teclado del ordenador y pedirle sólo un poquito más.
Porque no hay día en que alguien no me cuente que pidió una baja 4, 6 u 8 semanas antes de dar a luz, y que yo no me sienta idiota y en deuda con mi bebé y conmigo. Pero tampoco hay día en que no me encuentre con la historia de "me di de baja el viernes y el domingo estaba de parto" (o peores), y entonces me vea pusilánime y me exija un poco más.
Insomnio, ardor, punta de trabajo, mi pareja a miles de kilómetros y mañana empieza un fin de semana de lío familiar por doble motivo: un fallecimiento y una separación.
Se me caen las lágrimas y no se porqué...
Y no me puedo quejar de jefes y compañeros, que si supieran que hace días que no descanso igual (pero de verdad, y no cuando se lo comento de pasada tomando café), que me duelen las piernas si no me levanto de mi silla en muchas horas,... Estoy segura de que me comprenderían.
Mi marido esta lejos, a miles de kilómetros, y gracias al cielo estoy en casa de mis padres que me cuidan y me acompañan.
Mientras escribo se me caen las lágrimas, se me caen a chorro. Por eso he empezado a escribir, para descubrir qué me ocurría esta noche, si hace nada hablaba de la maravillosa droga del embarazo que conseguía que nada ni nadie me pudiera sacar de mi estado de satisfacción permanente.
Parece que la droga ha remitido, o me he hecho inmune a ella, o ha sido sustituida por la de la melancolía y autocompasión, o quizá la situación es más extrema de lo que me parece y tengo razones para ello.. Ni lo sé ni sé si me ayudaría mucho saberlo.
Pero si sé cómo me siento: me siento fuera de lugar en el trabajo, porque por mucho que me digan lo "ligera que se me ve" o lo "bien que lo llevo", yo no me siento ni ligera ni bien. Porque entiendo a mi cuerpo, entiendo estos ardores y el insomnio, entiendo que le duela estar sentado, que no duerma del tirón, que "le tire" el nido.. Pero no puedo más que acariciarlo (acariciarte) bajo el teclado del ordenador y pedirle sólo un poquito más.
Porque no hay día en que alguien no me cuente que pidió una baja 4, 6 u 8 semanas antes de dar a luz, y que yo no me sienta idiota y en deuda con mi bebé y conmigo. Pero tampoco hay día en que no me encuentre con la historia de "me di de baja el viernes y el domingo estaba de parto" (o peores), y entonces me vea pusilánime y me exija un poco más.
Insomnio, ardor, punta de trabajo, mi pareja a miles de kilómetros y mañana empieza un fin de semana de lío familiar por doble motivo: un fallecimiento y una separación.
Se me caen las lágrimas y no se porqué...
sábado, 19 de enero de 2013
Poner o no pendientes, esa es la cuestión
He leído por ahí que no hará mucho más de 100 o 200 años que se implantó en Europa la tradición de que todas las mujeres llevemos pendientes, si bien es cierto que adornar las orejas es una costumbre que viene de muy antiguo (la Biblia hace referencia a ellos y hasta los romanos hacían agujeros a sus niñas).
En Europa, durante el Renacimiento y el Barroco la moda era usar un sólo pendiente, pero en los siglos XVII y XVIII casi desaparecieron de los lóbulos de las fashion victims de la época porque las pelucas y los grandes peinados ocultaban las orejas. Fue a finales del siglo XIX cuando los pendientes volvieron a causar furor, aunque se usaban esos de pinza que no requieren agujero (claro, que quizá con la falta de higiene tampoco era muy recomendable dejarse perforar el lóbulo de la oreja)...
Me acabo de plantear qué hacer con los agujeros de las orejitas de mi bebé.
Algunas madres nos recomiendan que pongamos los pendientes a nuestra niña lo antes posible, al poco de nacer, porque el recién nacido no siente dolor, o al menos no lo recuerdan. Sin embargo, si leemos un poquito (por ejemplo aquí), encontramos cosas como esta:
También me dicen que si no le ponemos pendientes, nadie sabrá que es una niña. No dudo que esto sea cierto, pero la verdad es que tampoco veo la necesidad de "sexualizar" la imagen de mi hija a tan tempranísima edad, más allá de alguna prenda rosa. La niña tendrá nombre (lo tiene ya) y éste no deja lugar a dudas: su sexo es femenino.
Pero también me he encontrado el punto de vista contrario, de quienes consideran que hacer los agujeros en las orejas de una recién nacida es un exceso de "dominio paternal", e incluso he llegado a escuchar que podría entenderse como una "mutilación". Yo no puedo defender esta postura, veo grandísimas diferencias entre unos agujeros en los lóbulos de las orejas y una mutilación, si bien es cierto que nunca me he planteado hacerme más agujeros o un tatuaje porque no comparto la idea de "para estar bella hay que sufrir (tanto)".
Lo que verdaderamente me ha convencido es lo siguiente:
¿Os habíais planteado el tema de los pendientes? ¿Qué os ha llevado a tomar vuestra decisión?
En Europa, durante el Renacimiento y el Barroco la moda era usar un sólo pendiente, pero en los siglos XVII y XVIII casi desaparecieron de los lóbulos de las fashion victims de la época porque las pelucas y los grandes peinados ocultaban las orejas. Fue a finales del siglo XIX cuando los pendientes volvieron a causar furor, aunque se usaban esos de pinza que no requieren agujero (claro, que quizá con la falta de higiene tampoco era muy recomendable dejarse perforar el lóbulo de la oreja)...
Me acabo de plantear qué hacer con los agujeros de las orejitas de mi bebé.
Algunas madres nos recomiendan que pongamos los pendientes a nuestra niña lo antes posible, al poco de nacer, porque el recién nacido no siente dolor, o al menos no lo recuerdan. Sin embargo, si leemos un poquito (por ejemplo aquí), encontramos cosas como esta:
Durante años ha existido la falsa creencia de que el recién nacido, por su inmadurez biológica, percibe menos el dolor y lo tolera mejor, estando actualmente demostrada, en diversas investigaciones en campos como la psicología, anatomía y neurofisiología del recién nacido la falsedad de ambos asertos. Esta concepción errónea del dolor en el neonato ha motivado un insuficiente tratamiento del mismo, con las consiguientes consecuencias sobre la salud física y psíquica del recién nacido.
En cualquier caso, a mí me hicieron los agujeros bastante mayor y no recuerdo la experiencia excesivamente dolorosa (más bien pasé susto), así que tampoco creo que cause un gran sufrimiento a nuestras pequeñas.También me dicen que si no le ponemos pendientes, nadie sabrá que es una niña. No dudo que esto sea cierto, pero la verdad es que tampoco veo la necesidad de "sexualizar" la imagen de mi hija a tan tempranísima edad, más allá de alguna prenda rosa. La niña tendrá nombre (lo tiene ya) y éste no deja lugar a dudas: su sexo es femenino.
Pero también me he encontrado el punto de vista contrario, de quienes consideran que hacer los agujeros en las orejas de una recién nacida es un exceso de "dominio paternal", e incluso he llegado a escuchar que podría entenderse como una "mutilación". Yo no puedo defender esta postura, veo grandísimas diferencias entre unos agujeros en los lóbulos de las orejas y una mutilación, si bien es cierto que nunca me he planteado hacerme más agujeros o un tatuaje porque no comparto la idea de "para estar bella hay que sufrir (tanto)".
Lo que verdaderamente me ha convencido es lo siguiente:
- En unas orejitas tan pequeñas, es mucho más difícil hacer el agujero en el centro, por lo que corremos el riesgo (pequeño riesgo, claro) de que los pendientes queden menos estéticos (y al fin y al cabo los hacemos por estética) e incluso demasiado cerca del borde de la oreja, provocando riesgo de desgarros cuando sea más mayor.
- No se me quita de la cabeza que se pueda enganchar el pendiente o la tuerca en algún jersey o toquilla, y eso ¡sí que duele!
- Sería bastante contradictorio que me pase tardes de domingos revisando los botones y lazos para asegurarme de que están bien cosidos y no hay riesgo de que se lo trague, y le ponga unos pendientes con sus tuerquitas. Que sí, que los hay de rosca que son más seguros, pero hasta a mí se me han caído por ponérmelos mal alguna vez. Lo mismo opino de pulseras, cadenas o cualquier abalorio en recién nacidos.
- Creo que un agujerito en el lóbulo de la oreja no deja de ser una pequeña heridita susceptible de infectarse. No le veo el sentido a someterla a ese (pequeño) riesgo mientras esterilizo cada cosa que toca, y sobre todo teniendo toda la vida por delante para hacérselos (no creo que a los 3, 4 o 5 años sea muy mayor).
¿Os habíais planteado el tema de los pendientes? ¿Qué os ha llevado a tomar vuestra decisión?
lunes, 14 de enero de 2013
La trampa de la súper mamá
El sábado pasado bajé a la peluquería porque intuyo que durante las primeras semanas de mi bebé no encontraré el momento de cuidar mis pelos. Mi peluquera me confesó que le preocupaba que "me abandonara, como otras mamás, cuando naciera la peque". Aunque tampoco es que me mate por ir remona (peluquería cada 3 o 4 meses y por las mañanas no paso de hidratante y algo de colorcete para la cara), el comentario me picó un poco el gusanillo de la mamá-molona, y mi imaginación empezó a volar hacia esas famosas recién paridas que salen de la clínica subidas a unos altísimos taconazos...
Y ya me veía con mi brillante y planchada melena al viento reflejando los rayos primaverales de sol (¡mucho me tendría que crecer el pelo para que se dé esta imagen!). ¿Qué hice? Me prometí ser mamá-molona y me puse una cita en el calendario del móvil para dentro de 3 meses: ir a la peluquería.
Claro que no iba a estar yo tan estupenda y mi bebé hecha un adefesio. Menos mal que llegó su abuela paterna al rescate y el día de Nochebuena apareció con una enorme bolsa llena de ropita de bebe recién nacida digna de portada del Hola!: faldones cosidos a mano, jerseicitos, camisas de batista con sus volantes, capotas, y lazos, lazos y más lazos. Tengo que reconocer que la pobre se esta dejando los ojos y todos los hilos del costurero para que su nieta sea la bebé mejor vestida de 2013. Mientras yo iba mirando esos faldones, me dijo "Esto te lo llevas al hospi (3 faldones de piqué), no te olvides, que me ha contado mi amiga Paloma que su nuera no le pone a su nieta lo que le ha comprado ella ni para ir a verla". Mi yo "drogado por el embarazo" no cayó en la cuenta de que esos faldones de piqué, llenos de lazos, ni se lavan en la lavadora, ni se estiran y ya está, así que dije al momento "Claro que sí, faltaría más".
Así que una vez naciera el bebé, tenía dos obligaciones: ser una mamá-molona de bebé-remona.
Pero por si acaso mis promesas no eran suficientes, mi madre me recordó ir dentro de poco "necesitaría unas cortinas y un cabecero en mi dormitorio, pues me tocaban muchas horas de habitación". Y que si mejor de este color o del otro... Y mi imaginación seguía volando... Seré una mamá-molona de bebé-remona con casa-glam.
Podría seguir horas y horas hablando de como mi ideal de mamá paso a ser más propio de súper woman que de una sencillita treintañera del montón. A la mamá-molona le añadí muchos adjetivos: divertida (a petición de mis amigas), eficiente y triunfadora laboralmente,...
Pero la droga del embarazo no fue suficiente para mantenerme en la inopia y gracias a Twitter estoy conectada con varias mamás y papás que, contando su día a día, me hicieron caer del guindo, y mi cabeza empezó a cambiar la plancha del pelo por el antiojeras, las idílicas cenas con mis amigas por ratitos de sofá con la familia que seremos dentro de unas semanas, los faldones por peleles lavables en programas de algodón, la búsqueda de cortinas y cabecero por un ratito de leer y pensar en el día del parto...
Y acabé prometiéndome que si el día que sonara esa alarma de "ir a la peluquería" estaba disfrutando de mi nuevo papel de madre, cumpliendo algunas obligaciones o simplemente descansando, la apagaría durante otros tres meses sin el más mínimo sentimiento de culpa.
Y es que intuyo que tras muchos malos momentos que pasaré en un futuro no muy lejano, estarán las exigencias de "súper-mamá".
Y ya me veía con mi brillante y planchada melena al viento reflejando los rayos primaverales de sol (¡mucho me tendría que crecer el pelo para que se dé esta imagen!). ¿Qué hice? Me prometí ser mamá-molona y me puse una cita en el calendario del móvil para dentro de 3 meses: ir a la peluquería.
Claro que no iba a estar yo tan estupenda y mi bebé hecha un adefesio. Menos mal que llegó su abuela paterna al rescate y el día de Nochebuena apareció con una enorme bolsa llena de ropita de bebe recién nacida digna de portada del Hola!: faldones cosidos a mano, jerseicitos, camisas de batista con sus volantes, capotas, y lazos, lazos y más lazos. Tengo que reconocer que la pobre se esta dejando los ojos y todos los hilos del costurero para que su nieta sea la bebé mejor vestida de 2013. Mientras yo iba mirando esos faldones, me dijo "Esto te lo llevas al hospi (3 faldones de piqué), no te olvides, que me ha contado mi amiga Paloma que su nuera no le pone a su nieta lo que le ha comprado ella ni para ir a verla". Mi yo "drogado por el embarazo" no cayó en la cuenta de que esos faldones de piqué, llenos de lazos, ni se lavan en la lavadora, ni se estiran y ya está, así que dije al momento "Claro que sí, faltaría más".
Así que una vez naciera el bebé, tenía dos obligaciones: ser una mamá-molona de bebé-remona.
Pero por si acaso mis promesas no eran suficientes, mi madre me recordó ir dentro de poco "necesitaría unas cortinas y un cabecero en mi dormitorio, pues me tocaban muchas horas de habitación". Y que si mejor de este color o del otro... Y mi imaginación seguía volando... Seré una mamá-molona de bebé-remona con casa-glam.
Podría seguir horas y horas hablando de como mi ideal de mamá paso a ser más propio de súper woman que de una sencillita treintañera del montón. A la mamá-molona le añadí muchos adjetivos: divertida (a petición de mis amigas), eficiente y triunfadora laboralmente,...
Pero la droga del embarazo no fue suficiente para mantenerme en la inopia y gracias a Twitter estoy conectada con varias mamás y papás que, contando su día a día, me hicieron caer del guindo, y mi cabeza empezó a cambiar la plancha del pelo por el antiojeras, las idílicas cenas con mis amigas por ratitos de sofá con la familia que seremos dentro de unas semanas, los faldones por peleles lavables en programas de algodón, la búsqueda de cortinas y cabecero por un ratito de leer y pensar en el día del parto...
Y acabé prometiéndome que si el día que sonara esa alarma de "ir a la peluquería" estaba disfrutando de mi nuevo papel de madre, cumpliendo algunas obligaciones o simplemente descansando, la apagaría durante otros tres meses sin el más mínimo sentimiento de culpa.
Y es que intuyo que tras muchos malos momentos que pasaré en un futuro no muy lejano, estarán las exigencias de "súper-mamá".
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