Esta semana se celebra la Semana Mundial del Parto Respetado 2013.
La imagen que han elegido y el lema "Por favor, no molestar: Estamos de parto" recuerda a aquellos carteles que todos hemos colgado alguna vez en la puerta de nuestra habitación del hotel cuando, agotados, nos vamos a la cama tras una noche de farra. Y generalmente se nos respeta, ningún trabajador del hotel entra a limpiar la habitación por tu bien,o a subirte el desayuno porque necesitas comer. Por supuesto que el parto es un proceso más serio que el descanso tras una noche de juerga, por ello debería ser aún más respetado. Y generalmente las muestras de respeto son silenciosas.
Tuve a mi hija en un hospital IHAN, con protocolo de parto humanizado. Tuvimos walking epidural, balón de pilates, piel con piel y una hora de paciencia por parte del ginecólogo antes de hacerme una episiotomía porque mi hija no salía (¿quizá cambiando la postura?).
Echo la vista atrás y no sé si fue un parto respetado pero sí fue disfrutado a ratos entre risas y a ratos en silencio y penumbra cuando la cosa se empezó a poner dura. Hasta que llegamos al paritorio, con mi hija asomando y escondiendo los pelitos de la cabeza una y otra vez. Las contracciones eran muy intensas, tanto que juro que tenía visiones: imaginaba que con cada contracción tenía que recorrer una calle, y al fondo había una tienda con un cartel rojo (una tienda de chorizos, pensaba yo) a la que tenía que llegar. Empujaba, empujaba y nunca llegaba. Ahora imagíname recorriendo mentalmente la calle de la tienda de chorizos y un ginecólogo que, con cada contracción, apretaba con su mano mi vientre mientras me contaba chistes o me hacía gracietas como -Qué fácil fue meterlo y qué duro sacarlo, ¿eh?-. Sé que lo hacía por quitar hierro al asunto y me consta que con su mejor intención a la vista de lo bien que se portó antes y después. Pero un gesto tan sencillo como mantener un ambiente calmado y relativamente silencioso, como hacían sus compañeros, me hubiera permitido vivir aquella experiencia como me pedía mi cuerpo, dedicada a él.
Sería maravilloso llenar los hospitales de carteles como estos. Shhhh... alguien está viniendo al mundo.
A nuestro nido acaba de llegar una preciosa bebé para ponerlo patas arriba y dar un giro a nuestras vidas
viernes, 24 de mayo de 2013
Menstruación en la lactancia
Tres meses me ha dado de tregua la menstruación tras el parto: el mismo día en que mi bebé cumplió los tres meses me encontré con las bragas teñidas de rojo.
Que haya pillado por sorpresa se debe a que no me ha dado la gana leer las señales: flujo tipoclaradehuevo durante unos días que luego desaparece, ánimo por los suelos de la noche a la mañana, cansancio infinito,... Casualidad o no, más o menos en las mismas fechas el pelo empezó a caérseme a matojos.
Había leído que la lactancia materna a demanda retrasa la aparición de la regla, pues las hormonas que "dan orden" de generar la leche, también inhiben la ovulación. Es un mecanismo natural para evitar un embarazo cuando estamos tan entregadas a un bebé. De hecho existe un método anticonceptivo, el método MELA, basado en estos principios. No confiaba en el método MELA como método anticonceptivo (menos mal!) pero sí esperaba librarme de la regla durante una temporada. Teta, colecho y porteo a todas horas... En qué momento mi cuerpo ha pensado que mi hija está lista para compartirme con un hermanito?
Como decía anteriormente, la regla ha llegado con todo su bombazo hormonal (y desplegando artillería pesada). Aún tengo muy vivo el recuerdo de la tristeza postparto y esto no es tan diferente. Pero a la tristeza o melancolía puramente hormonal hay que añadir cierta decepción porque no comprendo a mi cuerpo, no entiendo que para él haya terminado la etapa del embarazo/parto/puerperio cuando yo aún me siento casi recién parida. Incluso me desconciertan los "dolores de regla" porque ahora mismo no los identifico con la menstruación, sino con los loquios del comienzo de la lactancia.
Y para rematar el asunto, ya conté que hacía años que había dejado de usar compresas y tampones gracias a la copa menstrual, con la que estaba encantada. Pues tras el embarazo y el parto, aunque me la he puesto, noto la vagina muy sensible y no estoy cómoda (al menos no se cae, que era uno de mis miedos).
En fin, como a todo hay que buscarle su lado bueno, las mamás más veteranas me han dicho que la regla también marca el comienzo de "la vuelta a la normalidad". La que no se consuela es porque no quiere...
miércoles, 22 de mayo de 2013
¿Nos gusta regañar?
Hace ya muchos años que decidimos adoptar un perro en El Refugio. Nuestro perro había dejado atrás su etapa de cachorro hacía ya mucho tiempo y llegó con su particular historia. Ha sido un animal fácil para muchas cosas: es obediente, le gusta aprender a responder nuevas órdenes, nunca se escapa,... pero para otras muchas ha sido complicado.
Sin embargo para nosotros lo más complicado de la vida con perro han sido las regañinas. La primera vino porque mi perro ladró a un niño que se acercó a tocarlo a la velocidad del rayo y gritando. Pero también hubo otra cuando se pasó una tarde ladrando porque la casa de al lado estaba de obras y los obreros no hacían más que entrar y salir (casualmente la reprimenda venía de la misma vecina que hacía las obras). Hace poco paseando por el parque se le soltó el collar y le dejé correr suelto detrás de mí y también me regañaron. Y el día que me pilló una vecina tirándole una pelota a las 7:15 de la mañana en un parque desierto (donde es verdad que pone "PERROS NO"). Supongo que la vecina iba a sacudir sus sábanas y decidió que yo era un buen blanco de tiro de todo su mal humor mañanero, sobre todo si un cartel como ese la respaldaba.
Estoy completamente de acuerdo en que si los que vivimos con animales queremos ser tratados correctamente nuestros animales deben estar educados, además de vacunados. Por la historia que nuestro perro traía consigo estuvimos un año trabajando con él con la ayuda de una entrenadora de EDUCAN. Nos fue de maravilla y fue un dinero muy bien invertido. Pero no por compartir mi vida con mi perro voy a aguantar tonterías.
Somos muchos los que a veces vamos malhumorados por la vida (podría hablar en tercera persona, pero a mí también me pasa). Las prisas, los madrugones, las "apreturas" en el metro... Y es reconfortante desfogarte con alguien y los dueños de perros somos un blanco muy fácil (aunque recojamos las cacas) porque son muchas las veces en las que un perro pasa "demasiado" cerca de alguien y le molesta, o ladra, o suelta pelos.
Sin embargo hoy he tenido una experiencia gratificante. Estaba paseando con mi bebé metidita en su mochila cuando mi perro se ha hecho caca y me he agachado a recogerla. Pasaba por allí otra mamá y me lo ha agradecido con estas palabras: "Es increíble que aún yendo con la nena, te agaches a recoger la caca para que no la pisemos. Gracias".
Y entonces, como antes que madre he sido tía (y canguro), he empezado a darle vueltas a todas las veces que he regañado a estos niños por mojarse, gritar, no acudir a la llamada, jugar en la mesa,... Me preguntaba si yo, que tanto protesto de que me regañen personas malhumoradas y estresadas, no he actuado de la misma manera en multitud de ocasiones y ya de paso "me desahogo un poco" (aunque no creo que este pensamiento sea consciente).
Esta mamá me ha dado una buena lección de lo que significa "educar en positivo".
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Educación
viernes, 17 de mayo de 2013
Peleas postparto
Cuando mi marido y yo empezamos a vivir juntos hace 7 años había broncas cada dos por tres. Eran peleas de convivencia, que no ponían en riesgo la estabilidad de la pareja, pero sí levantaban mucho dolor de cabeza. La peleona de la casa soy yo, me enfadaba que él es "muy bien mandao", pero yo quería que se le ocurriera poner la lavadora, cambiar las sábanas o pasar la fregona sin que yo se lo pidiera.
Años después la temática de las discusiones cambió y como no nos caracterizamos por nuestra originalidad, pasaron a tratar sobre mi suegrísima. Aquellas peleas sí que podrían haber puesto en riesgo nuestra pareja, pero también las superamos.
Pasada aquello y después de la boda (que también tensó la cuerda), podemos decir que hemos pasado un año y pico con una estabilidad asombrosa: pocos malentendidos, menos peleas, riñas,... Ni las hormonas del embarazo podían con nosotros!
Nació nuestra hija, y aunque las primeras semanas parecía que nos íbamos a librar de los "temblores" que provoca la llegada de un bebé en la relación, poco a poco han vuelto a aparecer algunos reproches entre nosotros. Casi siempre después de un episodio llanto de nuestra bebé. Casi siempre cuando uno de los dos pasa solo con la niña estos episodios. Y por tanto, casi siempre soy yo quien provoca la discusión (porque se pueden contar con los dedos de una mano las veces que me separo de la niña). Me ponen enferma los días que él se va a hacer deporte después del trabajo, llega a casa no antes de las 9 de la noche y no saco tiempo para hacer mis ejercicios de recuperación del suelo pélvico (¡me enfado tanto que llego a decirle que con el siguiente parto a la vez que me hagan la episiotomía voy a pedir que le corten la cola y así nos recuperamos juntos!).
Sin embargo ayer fue él quien estalló. Vinieron mis tíos a pasar el fin de semana a casa de mis padres y me acerqué a saludarles. Vivimos a escasos 3 minutos, así que viendo que me entretenía con mis tíos, llamé a mi marido desde allí para preguntarle cómo estaba la niña. Me dijo que bien y seguí un ratito hablando. Una hora y media después volví a casa y me recibió una fiera echándome en cara que me estaba esperando desde hacía media hora, que la niña estaba protestando y sólo se calmaba con paseítos y el chorro del agua, que le dolía la espalda,... Bueno, en resumidas cuentas estaba saturado de protestas del bebé.
Me habían contado que tras en nacimiento de un bebé la pareja atravesaba una crisis. Yo no creo que nosotros estemos pasando por una crisis, estamos conociéndonos en esta nueva faceta y supongo que necesitamos llegar a un nuevo equilibrio, ¡solo espero que llegue pronto!
Años después la temática de las discusiones cambió y como no nos caracterizamos por nuestra originalidad, pasaron a tratar sobre mi suegrísima. Aquellas peleas sí que podrían haber puesto en riesgo nuestra pareja, pero también las superamos.
Pasada aquello y después de la boda (que también tensó la cuerda), podemos decir que hemos pasado un año y pico con una estabilidad asombrosa: pocos malentendidos, menos peleas, riñas,... Ni las hormonas del embarazo podían con nosotros!
Nació nuestra hija, y aunque las primeras semanas parecía que nos íbamos a librar de los "temblores" que provoca la llegada de un bebé en la relación, poco a poco han vuelto a aparecer algunos reproches entre nosotros. Casi siempre después de un episodio llanto de nuestra bebé. Casi siempre cuando uno de los dos pasa solo con la niña estos episodios. Y por tanto, casi siempre soy yo quien provoca la discusión (porque se pueden contar con los dedos de una mano las veces que me separo de la niña). Me ponen enferma los días que él se va a hacer deporte después del trabajo, llega a casa no antes de las 9 de la noche y no saco tiempo para hacer mis ejercicios de recuperación del suelo pélvico (¡me enfado tanto que llego a decirle que con el siguiente parto a la vez que me hagan la episiotomía voy a pedir que le corten la cola y así nos recuperamos juntos!).
Sin embargo ayer fue él quien estalló. Vinieron mis tíos a pasar el fin de semana a casa de mis padres y me acerqué a saludarles. Vivimos a escasos 3 minutos, así que viendo que me entretenía con mis tíos, llamé a mi marido desde allí para preguntarle cómo estaba la niña. Me dijo que bien y seguí un ratito hablando. Una hora y media después volví a casa y me recibió una fiera echándome en cara que me estaba esperando desde hacía media hora, que la niña estaba protestando y sólo se calmaba con paseítos y el chorro del agua, que le dolía la espalda,... Bueno, en resumidas cuentas estaba saturado de protestas del bebé.
Me habían contado que tras en nacimiento de un bebé la pareja atravesaba una crisis. Yo no creo que nosotros estemos pasando por una crisis, estamos conociéndonos en esta nueva faceta y supongo que necesitamos llegar a un nuevo equilibrio, ¡solo espero que llegue pronto!
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postparto
jueves, 16 de mayo de 2013
Mamá es mamá
Hace dos semanas comentaba con mi madre que no creía que mi bebé de 2 meses me distinguiera demasiado del resto de las personas. Sí, me regaló su primera sonrisa dirigida, pero no notaba grandes diferencias más allá de eso (salvo el tema "tetil", que donde esté su teta, que se quite el resto del mundo).
Hemos pasado unos días en casa de mis suegros y día tras día, para mi sorpresa, ha ido dejando claro que sabe quienes son sus padres. Por la mañana mi hija es toda sonrisas, pero al llegar la tarde comienza a estar cansada y se queja de todo: tengo hambre, tengo sueño, tengo mimo, lo tengo todo,... A veces coge un berrinche tan gordo que no la deja comer ni dormir y ya la hemos liado. Cuando entra en ese bucle, su padre o yo la abrazamos y le cantamos suave al oído. También valdría decirle cosas bonitas, pero no es fácil mantener la calma con un bebé gritando en tu oído y tirándote del pelo, me resulta más sencillo concentrarme en la canción. Hasta ahora pensábamos que se calmaba mejor con nosotros porque nadie como papá y mamá conocen el "truco" de abrazarla y cantar. Creíamos que era una cuestión de que estaba más acostumbrada a nuestros brazos o nuestras nanas. Pero nidecoña.
Estos días ha demostrado que cuando tiene berrinche quiere que papá, o mejor aún, mamá, la calme. Con los abuelos no hace sino gritar más (aunque es verdad que los abuelos tienen aún "poca mano" con bebés). Y no sólo durante el berrinche, después de la tormenta, ayer la tenía tumbada sobre mis piernas, riéndose y tranquila, y fue cogerla su abuela y romper a llorar. Y esto ha ocurrido después de llevar 5 días con ellos.
La verdad es que cuando estamos con mis suegros "echo de menos" a mi bebé. Duerme conmigo y menos mal que tenemos la teta, pero siento que no tenemos tiempo para nosotras (no sé si será que tengo celos, o que les tengo manía, pero no me gusta que su abuela se la lleve de paseo o a dormir la siesta). Así que debo reconocer que estoy encantada con esta mamitis prematura que le ha entrado, aunque me parece peligrosa porque ya hemos empezado a oír los comentarios acerca de si la tengo muy "malcriada".
¿Sabéis a qué edad empiezan a extrañar los niños? ¿No os parece pronto que lo haga a las 12 semanas?
Hemos pasado unos días en casa de mis suegros y día tras día, para mi sorpresa, ha ido dejando claro que sabe quienes son sus padres. Por la mañana mi hija es toda sonrisas, pero al llegar la tarde comienza a estar cansada y se queja de todo: tengo hambre, tengo sueño, tengo mimo, lo tengo todo,... A veces coge un berrinche tan gordo que no la deja comer ni dormir y ya la hemos liado. Cuando entra en ese bucle, su padre o yo la abrazamos y le cantamos suave al oído. También valdría decirle cosas bonitas, pero no es fácil mantener la calma con un bebé gritando en tu oído y tirándote del pelo, me resulta más sencillo concentrarme en la canción. Hasta ahora pensábamos que se calmaba mejor con nosotros porque nadie como papá y mamá conocen el "truco" de abrazarla y cantar. Creíamos que era una cuestión de que estaba más acostumbrada a nuestros brazos o nuestras nanas. Pero nidecoña.
Estos días ha demostrado que cuando tiene berrinche quiere que papá, o mejor aún, mamá, la calme. Con los abuelos no hace sino gritar más (aunque es verdad que los abuelos tienen aún "poca mano" con bebés). Y no sólo durante el berrinche, después de la tormenta, ayer la tenía tumbada sobre mis piernas, riéndose y tranquila, y fue cogerla su abuela y romper a llorar. Y esto ha ocurrido después de llevar 5 días con ellos.
La verdad es que cuando estamos con mis suegros "echo de menos" a mi bebé. Duerme conmigo y menos mal que tenemos la teta, pero siento que no tenemos tiempo para nosotras (no sé si será que tengo celos, o que les tengo manía, pero no me gusta que su abuela se la lleve de paseo o a dormir la siesta). Así que debo reconocer que estoy encantada con esta mamitis prematura que le ha entrado, aunque me parece peligrosa porque ya hemos empezado a oír los comentarios acerca de si la tengo muy "malcriada".
¿Sabéis a qué edad empiezan a extrañar los niños? ¿No os parece pronto que lo haga a las 12 semanas?
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mi bebé
lunes, 29 de abril de 2013
¿Cómo convertir un Ford Fiesta en un coche familiar?
Esta semana Madresfera nos propone hablar de los viajes con nuestros hijos. Entre todos los post se sorteará una silla Assure grupo 2-3 de Graco Baby España, que nos vendría fenomenal para cuando nuestra bebé sea un poco menos bebé.
En nuestro caso, a todos los problemas típicos de viajar con niños a nosotros se nos suma que tenemos perro. El perro viaja en el maletero, así que cuando en nuestro nido sólo éramos 3 (mi marido, nuestro perro y yo), utilizábamos los asientos traseros de maletero. Ahora la bebé y yo viajamos detrás. ¡Horror! ¿Dónde ponemos las maletas?
La solución más obvia sería cambiar de coche, pero ni nuestros ahorros están para tirar cohetes, ni tenemos ganas de más líos, que tenemos el coche pagado, tiene 5 puertas (esto sí que sí, fundamental) y va estupendamente.
Dicho esto, ¿cómo convertimos nuestro Ford Fiesta en un coche familiar? Nosotros hemos encontrado 3 soluciones:
1- El cofre de techo:
Seguro que en los atascos habéis visto coches que llevan sobre la vaca una "caja" negra. Estos cofres tienen una gran capacidad, fácilmente entra una maleta grande y una mediana, así que nos permiten disponer de "otro maletero". Son fáciles y rápidos de colocar siempre que se deje la baca del coche puesta.
Los hay rígidos y flexibles. Los primeros se guardan sin plegar, con lo cual más te vale que el tamaño que le falta a tu coche lo tenga tu casa. Nosotros hemos comprado uno flexible que se pliega y lo guardamos en el altillo de un armario.
2- Enviar las maletas en autobús:
Las compañías de autobuses que hacen viajes regulares (como Alsa, por ejemplo) ofrecen servicio de transporte de equipajes con precios mucho más económicos que las compañías especializadas en envíos de paquetes. Basta con hacer las maletas un par de días antes de salir de viaje, que nunca viene mal para evitar los agobios de última hora.
3- Alquiler de productos de bebés en el destino:
Cada vez son más las empresas especializadas en alquilar sillas de paseo, tronas, bañeras, cuna, sillas de seguridad,... en los destinos turísticos. Nosotros tenemos familia fuera de España y esta solución es fundamental cuando vamos a visitarlos, pues sale muchísimo más económico alquilar durante unos días cualquiera de estos "chismes" que facturarlo en avión. Nosotros viajamos con nuestra mochila ergonómica, que además nos resulta más cómoda para llegar al aeropuerto, y alquilaremos el cochecito de bebé y la silla de seguridad para el coche en nuestro destino.
Pese a que con estas soluciones conseguimos viajar con todo lo que necesitamos, a veces me encuentro empaquetando también todo lo que pudiéramos necesitar en caso de catástrofe natural, nuclear, terremotos,... Y creo que esto nos ocurre a la mayoría. La dificultad no radica ya en transportarlo, sino en que al final de las vacaciones necesitas otros 3 días para colocar todo aquello que te llevaste y que vuelve sin usar. Por eso, cuando preparamos el equipaje intentamos no quitarnos de la cabeza la idea de optimizar, optimizar y optimizar. Gracias al colecho evitamos viajar con cuna de viaje y lavar sus sabanas, creo que aunque no colecháramos normalmente, sí lo haríamos en caso de viajes. Generalmente cambiamos el cochecito de bebé por nuestra mochila ergonómica y la teta (oh, la teta!) evita que tengamos que viajar con biberones, esterilizador, paquetes de leche de fórmula,...
¿Tenéis algún truco para solucionar la falta de espacio y el exceso de equipaje? ;)
En nuestro caso, a todos los problemas típicos de viajar con niños a nosotros se nos suma que tenemos perro. El perro viaja en el maletero, así que cuando en nuestro nido sólo éramos 3 (mi marido, nuestro perro y yo), utilizábamos los asientos traseros de maletero. Ahora la bebé y yo viajamos detrás. ¡Horror! ¿Dónde ponemos las maletas?
La solución más obvia sería cambiar de coche, pero ni nuestros ahorros están para tirar cohetes, ni tenemos ganas de más líos, que tenemos el coche pagado, tiene 5 puertas (esto sí que sí, fundamental) y va estupendamente.
Dicho esto, ¿cómo convertimos nuestro Ford Fiesta en un coche familiar? Nosotros hemos encontrado 3 soluciones:
1- El cofre de techo:
Seguro que en los atascos habéis visto coches que llevan sobre la vaca una "caja" negra. Estos cofres tienen una gran capacidad, fácilmente entra una maleta grande y una mediana, así que nos permiten disponer de "otro maletero". Son fáciles y rápidos de colocar siempre que se deje la baca del coche puesta.
Los hay rígidos y flexibles. Los primeros se guardan sin plegar, con lo cual más te vale que el tamaño que le falta a tu coche lo tenga tu casa. Nosotros hemos comprado uno flexible que se pliega y lo guardamos en el altillo de un armario.
2- Enviar las maletas en autobús:
Las compañías de autobuses que hacen viajes regulares (como Alsa, por ejemplo) ofrecen servicio de transporte de equipajes con precios mucho más económicos que las compañías especializadas en envíos de paquetes. Basta con hacer las maletas un par de días antes de salir de viaje, que nunca viene mal para evitar los agobios de última hora.
3- Alquiler de productos de bebés en el destino:
Cada vez son más las empresas especializadas en alquilar sillas de paseo, tronas, bañeras, cuna, sillas de seguridad,... en los destinos turísticos. Nosotros tenemos familia fuera de España y esta solución es fundamental cuando vamos a visitarlos, pues sale muchísimo más económico alquilar durante unos días cualquiera de estos "chismes" que facturarlo en avión. Nosotros viajamos con nuestra mochila ergonómica, que además nos resulta más cómoda para llegar al aeropuerto, y alquilaremos el cochecito de bebé y la silla de seguridad para el coche en nuestro destino.
Pese a que con estas soluciones conseguimos viajar con todo lo que necesitamos, a veces me encuentro empaquetando también todo lo que pudiéramos necesitar en caso de catástrofe natural, nuclear, terremotos,... Y creo que esto nos ocurre a la mayoría. La dificultad no radica ya en transportarlo, sino en que al final de las vacaciones necesitas otros 3 días para colocar todo aquello que te llevaste y que vuelve sin usar. Por eso, cuando preparamos el equipaje intentamos no quitarnos de la cabeza la idea de optimizar, optimizar y optimizar. Gracias al colecho evitamos viajar con cuna de viaje y lavar sus sabanas, creo que aunque no colecháramos normalmente, sí lo haríamos en caso de viajes. Generalmente cambiamos el cochecito de bebé por nuestra mochila ergonómica y la teta (oh, la teta!) evita que tengamos que viajar con biberones, esterilizador, paquetes de leche de fórmula,...
¿Tenéis algún truco para solucionar la falta de espacio y el exceso de equipaje? ;)
sábado, 27 de abril de 2013
Comenzando la lactancia
Siempre tuve claro que daría el pecho a mis hijos pero, cuando me fui acercando a la maternidad a través de amigas, familiares o bloggers, me di cuenta de que aquello no era tan fácil, y los primeros días de lactancia podrían venir acompañados de dolor, grietas, dudas, ... Así que preparé mi bolsa del hospital sin olvidar meter el Purelán. Las esperé, pero las grietas, las dudas y los dolores nunca llegaron.
La lactancia en nuestro caso ha sido coser y cantar. Fácil, bonita, íntima,... y sí, hay algo de suerte en ello, pero echando la vista atrás creo que hay algunos aspectos que nos han ayudado a mi hija y a mi en este camino:
1- El contacto "piel con piel" precoz
En el hospital donde di a luz se practica y respeta el "piel con piel": cuando el bebé nace pasa 2 horas en contacto directo con su madre, sin lavar ni vestir y sin que nadie interrumpa. Las visitas deben esperar esas dos horas fuera, y sólo el padre puede estar en la sala. El test de Apgar y cualquier prueba que haya que realizar se hace mediante observación, y todo aquello que puede esperar (pesar y medir al bebe, vitamina K,...) se pospone (siempre y cuando el estado del bebe y de la madre lo permitan).
En el paritorio, mi hija ya hacia movimientos decididos para acercarse al pecho. Y cuando nos pasaron a la sala donde íbamos a descansar esas dos horas, siguió insistiendo. Al no terminar de conseguirlo le entró un berrinche monumental y como la matrona que nos atendió era conocida, entró a ver qué nos ocurría y la cogió en brazos. A mí no me hizo mucha gracia que la separarán de mí, pero debo reconocer que fueron pocos minutos y al ver que se calmaba me relajé. Luego mi marido cogió a la niña y la dejó completamente calmada. Después de eso, la puse encima de mí y se agarró.
2- Cambiar de postura
No se me había ocurrido que amamantar en distintas posiciones pudiera ayudar a evitar problemas, pero ahora creo que que variar de postura hace que cambie la zona "más sufrida" del pezón, y evita dolores en la fase de "acoplamiento" entre el bebe y la madre. Yo tenía verdadero interés en "aprender" a amamantar en distintas posiciones porque siempre me ha llamado la atención que mis amigas daban el pecho sentadas con el bebe en su regazo incluso por las noches. El día del nacimiento de mi bebé solo la amamanté tumbada, que es como me ayudaron a ponerla al principio. Al día siguiente pedí ayuda para darle el pecho sentada (la postura clásica), y el día que volvimos a casa mi madre me ayudó a ponerla a caballito. Desde entonces, aunque tenemos nuestras favoritas, las alternamos e incluso introducimos variaciones. Creo
3- Conocimiento
Leer, hablar, preguntar,... Intenté absorber toda la información posible relacionada con la lactancia durante el embarazo y los años previos. Aunque hoy en día es difícil conocer la lactancia materna desde un punto de vista práctico (concretamente yo sólo he vivido la lactancia de mi hermano, que duró unos 3 meses y fue mixta), hay muchísima información al respecto y como madres y padres, tenemos la obligación de aprender algunas cosas para recibir de la mejor manera posible a nuestros bebés. Conocer al menos la parte teórica de la lactancia me proporcionó una tranquilidad absoluta.
El día después del parto aún no había visto salir una sola gota del pezón, pero mi hija se agarraba y succionaba. Casi todas las personas que nos visitaron esos días me preguntaron si me había subido la leche y yo no sabía que contestar. Suponía que no porque no notaba nada y no veía gotas, pero no me importaba lo más mínimo, sabía que hacíamos lo correcto, ella mamando y yo ofreciéndola mi pecho en cuanto abría un ojo. Tenía confianza plena en que mi cuerpo no iba a dejar a mi bebe morir de hambre o sed, que saliera leche era cuestión de tiempo (creo que aunque yo no lo viera, evidentemente había calostro).
Más adelante, en las reuniones postparto algunos padres me han hablado de la tranquilidad que les aportó dar al bebé una jeringa con leche de fórmula la primera noche, pues saber que su hijo estaba alimentado les permitió enfrentarse con más sosiego a la lactancia. Desde mi punto de vista es necesario mantener la calma, pero más efectivo que esa jeringa de leche de fórmula es tener información y confiar en tu nuevo cuerpo de madre.
4- Pedir ayuda
Tengo la suerte de que mi madre sabe bastante más de lactancia de lo que suele ser normal, y de que nos acompañara desde las primeras contracciones. Aún así, el ritmo de visitas y su horario de trabajo no me permitió pedirle toda la ayuda que necesitaba. Di a luz en un hospital IHAN, donde se apoya manifiestamente la lactancia materna, y ante el más mínimo problema pedimos ayuda a las enfermeras. Algunas te atienden con más cariño que otras, pero siempre que tuve problemas para enganchar a mi hija al pecho, alguien me ayudó.
5- Apoyo
Contar con el apoyo de la pareja es esencial. En primer lugar para que valore ese trabajo extra que conlleva ser mamá lactante frente a ser papá, y por tanto él debe asumir y liberarme de otras tareas. Pero también porque durante los primeros días se escuchan barbaridades de boca de las visitas y es necesario que alguien frene a esa tía que repite insistentemente que cambies al bebé de pecho, a esa suegra que no te quiere dar al bebé porque aún "no le toca la toma", a ese amigo que opina que le estás cebando,... Si al apoyo de la pareja se suma el de los abuelos, ¡¡para qué queremos más!!
6- Ni chupetes ni biberones durante las primeras semanas
Nos parecía obvio, si queríamos que nuestro bebé se enganchara bien a la teta, mejor no confundirle con tetinas de silicona... pero por lo visto no todo el mundo opina lo mismo. A mí me parece que esto nos ayudó.
7- Colecho en el hospital
Las primeras noches estaba incómoda con la cicatriz de la j***** episiotomía, así que dejé al bebé en mi cama. Quizá dormí menos profundamente que si hubiera estado en su cuna, pero me resultaba fácil ofrecerle el pecho y no tenerme que levantar me quitaba estrés y cansancio.
¿Creéis que es sólo cuestión de suerte evitar grietas y dolores, o por el contrario pensáis que estos factores han podido facilitar el proceso?
La lactancia en nuestro caso ha sido coser y cantar. Fácil, bonita, íntima,... y sí, hay algo de suerte en ello, pero echando la vista atrás creo que hay algunos aspectos que nos han ayudado a mi hija y a mi en este camino:
1- El contacto "piel con piel" precoz
En el hospital donde di a luz se practica y respeta el "piel con piel": cuando el bebé nace pasa 2 horas en contacto directo con su madre, sin lavar ni vestir y sin que nadie interrumpa. Las visitas deben esperar esas dos horas fuera, y sólo el padre puede estar en la sala. El test de Apgar y cualquier prueba que haya que realizar se hace mediante observación, y todo aquello que puede esperar (pesar y medir al bebe, vitamina K,...) se pospone (siempre y cuando el estado del bebe y de la madre lo permitan).
En el paritorio, mi hija ya hacia movimientos decididos para acercarse al pecho. Y cuando nos pasaron a la sala donde íbamos a descansar esas dos horas, siguió insistiendo. Al no terminar de conseguirlo le entró un berrinche monumental y como la matrona que nos atendió era conocida, entró a ver qué nos ocurría y la cogió en brazos. A mí no me hizo mucha gracia que la separarán de mí, pero debo reconocer que fueron pocos minutos y al ver que se calmaba me relajé. Luego mi marido cogió a la niña y la dejó completamente calmada. Después de eso, la puse encima de mí y se agarró.
| Fuente: Recomendaciones sobre lactancia materna de la AEPED |
2- Cambiar de postura
No se me había ocurrido que amamantar en distintas posiciones pudiera ayudar a evitar problemas, pero ahora creo que que variar de postura hace que cambie la zona "más sufrida" del pezón, y evita dolores en la fase de "acoplamiento" entre el bebe y la madre. Yo tenía verdadero interés en "aprender" a amamantar en distintas posiciones porque siempre me ha llamado la atención que mis amigas daban el pecho sentadas con el bebe en su regazo incluso por las noches. El día del nacimiento de mi bebé solo la amamanté tumbada, que es como me ayudaron a ponerla al principio. Al día siguiente pedí ayuda para darle el pecho sentada (la postura clásica), y el día que volvimos a casa mi madre me ayudó a ponerla a caballito. Desde entonces, aunque tenemos nuestras favoritas, las alternamos e incluso introducimos variaciones. Creo
3- Conocimiento
Leer, hablar, preguntar,... Intenté absorber toda la información posible relacionada con la lactancia durante el embarazo y los años previos. Aunque hoy en día es difícil conocer la lactancia materna desde un punto de vista práctico (concretamente yo sólo he vivido la lactancia de mi hermano, que duró unos 3 meses y fue mixta), hay muchísima información al respecto y como madres y padres, tenemos la obligación de aprender algunas cosas para recibir de la mejor manera posible a nuestros bebés. Conocer al menos la parte teórica de la lactancia me proporcionó una tranquilidad absoluta.
El día después del parto aún no había visto salir una sola gota del pezón, pero mi hija se agarraba y succionaba. Casi todas las personas que nos visitaron esos días me preguntaron si me había subido la leche y yo no sabía que contestar. Suponía que no porque no notaba nada y no veía gotas, pero no me importaba lo más mínimo, sabía que hacíamos lo correcto, ella mamando y yo ofreciéndola mi pecho en cuanto abría un ojo. Tenía confianza plena en que mi cuerpo no iba a dejar a mi bebe morir de hambre o sed, que saliera leche era cuestión de tiempo (creo que aunque yo no lo viera, evidentemente había calostro).
Más adelante, en las reuniones postparto algunos padres me han hablado de la tranquilidad que les aportó dar al bebé una jeringa con leche de fórmula la primera noche, pues saber que su hijo estaba alimentado les permitió enfrentarse con más sosiego a la lactancia. Desde mi punto de vista es necesario mantener la calma, pero más efectivo que esa jeringa de leche de fórmula es tener información y confiar en tu nuevo cuerpo de madre.
4- Pedir ayuda
Tengo la suerte de que mi madre sabe bastante más de lactancia de lo que suele ser normal, y de que nos acompañara desde las primeras contracciones. Aún así, el ritmo de visitas y su horario de trabajo no me permitió pedirle toda la ayuda que necesitaba. Di a luz en un hospital IHAN, donde se apoya manifiestamente la lactancia materna, y ante el más mínimo problema pedimos ayuda a las enfermeras. Algunas te atienden con más cariño que otras, pero siempre que tuve problemas para enganchar a mi hija al pecho, alguien me ayudó.
5- Apoyo
Contar con el apoyo de la pareja es esencial. En primer lugar para que valore ese trabajo extra que conlleva ser mamá lactante frente a ser papá, y por tanto él debe asumir y liberarme de otras tareas. Pero también porque durante los primeros días se escuchan barbaridades de boca de las visitas y es necesario que alguien frene a esa tía que repite insistentemente que cambies al bebé de pecho, a esa suegra que no te quiere dar al bebé porque aún "no le toca la toma", a ese amigo que opina que le estás cebando,... Si al apoyo de la pareja se suma el de los abuelos, ¡¡para qué queremos más!!
6- Ni chupetes ni biberones durante las primeras semanas
Nos parecía obvio, si queríamos que nuestro bebé se enganchara bien a la teta, mejor no confundirle con tetinas de silicona... pero por lo visto no todo el mundo opina lo mismo. A mí me parece que esto nos ayudó.
7- Colecho en el hospital
Las primeras noches estaba incómoda con la cicatriz de la j***** episiotomía, así que dejé al bebé en mi cama. Quizá dormí menos profundamente que si hubiera estado en su cuna, pero me resultaba fácil ofrecerle el pecho y no tenerme que levantar me quitaba estrés y cansancio.
¿Creéis que es sólo cuestión de suerte evitar grietas y dolores, o por el contrario pensáis que estos factores han podido facilitar el proceso?
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