Por fin, por fin mañana tenemos la ecografía de las 20 semanas. Verán cada uno de sus pequeños aparatos y más pequeños órganos, contarán sus deditos (en la eco de las 12 semanas contaron sus extremidades, y ante nuestra sorpresa dijeron con total seriedad "cuatro extremidades: dos brazos y dos piernas"), comprobarán si crece con normalidad...y nos dirán si es niño o niña. En este momento todos los nuevos padres dicen "me da igual lo que venga, sólo me importa que venga bien".
Pues aquí tenéis a una futura madre con la progesterona que se le sale por las orejas, porque estoy llena de optimismo y energía. A esta futura madre que da por hecho que "todo va bien", sólo le interesa que mañana le desvelen el misterio.
Nota: repito que, supongo que por acción de las hormonas del embarazo, estoy en un momento hiper-optimista y la de que no todo vaya bien ni se me pasa por la cabeza.
Vaya por delante que deseo mucho, muchísimo a est@ hij@. por nada del mundo quisiera cambiar a mi feto por el de mis compañeras embarazadas ni por ningún otro. Lo quiero, sea niño o sea niña, pero me preocupa mi reacción si es un niño.
Toda la vida me he visto madre de niñas, de una o de dos, quizá de un chico y una chica... pero alguna niña había en mi imaginación. De hecho, cuando me enteré de que estaba embarazada daba por hecho que era una niña (luego empecé a mentalizarme) e incluso tengo nombres de niña buscados... y no de niño.
En mi opinión, los padres no estamos para recibir hijos maravillosos con preciosos tirabuzones rubios. Creo que elegimos ser padres como un acto de generosidad y de entrega absoluta, asumiendo que el hijo/a no viene a hacernos felices, sino a aprender (de nosotros) a serlo.
Por eso no me esperaba sentir nervios a menos de 24 horas de conocer algo que casi debería ser anecdótico de nuestr@ pequeñ@. Os parecerá (como me lo parece a mí) superficial, pero si os soy sincera, así me siento: algo asustada ante mi posible reacción... y algo decepcionada ante este pensamiento.
A nuestro nido acaba de llegar una preciosa bebé para ponerlo patas arriba y dar un giro a nuestras vidas
miércoles, 3 de octubre de 2012
martes, 2 de octubre de 2012
Las primeras patadas
Pronto cumpliré las 20 semanas de embarazo y desvelaremos (espero) el misterio de si esperamos un hijo o una hija. Aunque es pronto, ya noto claramente los movimientos del bebé.
Durante la semana 15 tuve la sospecha de que "eso que notaba" podría ser el bebé. "Eso" sólo sucedía de noche, cuando me tumbaba en la cama después de cenar, y era realmente pronto para que una primeriza como yo ya tuviera algún tipo de sensaciones.
Los movimientos que yo creía que podrían ser del bebé continuaron durante la siguiente semana, pero fue el mismo día que cumplí 17 cuando constaté que aquello no eran mis intestinos ni ningún otro órgano... Habíamos estado dando un paseo por Palma de Mallorca, y decidimos cenar en un italiano estupendo. Me tomé un enorme plato de pasta riquísima y cuando terminamos cogimos el coche para volver a Sóller, donde estábamos alojados.
Pues fue al acostarme cuando "aquello" empezó a moverse "independientemente de mí". Y es que fue eso exactamente lo que más me sorprendió, creo que empecé a comprender que, aunque ahora seamos casi uno, somos seres diferentes y yo sólo soy su cuevita donde crecer y desarrollarse, donde estar seguro y donde ir ganando día a día la batalla hacia su individualidad.
Pero dejando los pensamientos filosóficos a un lado, cómo no se movería que le pedí a mi chico que pusiera la mano y notó que sí, que ahí estaba su bebé, pataleando o dándose de cabezazos o haciendo quien sabe qué... pero saludándole por primera vez.
Durante la semana 15 tuve la sospecha de que "eso que notaba" podría ser el bebé. "Eso" sólo sucedía de noche, cuando me tumbaba en la cama después de cenar, y era realmente pronto para que una primeriza como yo ya tuviera algún tipo de sensaciones.
Los movimientos que yo creía que podrían ser del bebé continuaron durante la siguiente semana, pero fue el mismo día que cumplí 17 cuando constaté que aquello no eran mis intestinos ni ningún otro órgano... Habíamos estado dando un paseo por Palma de Mallorca, y decidimos cenar en un italiano estupendo. Me tomé un enorme plato de pasta riquísima y cuando terminamos cogimos el coche para volver a Sóller, donde estábamos alojados.
Pues fue al acostarme cuando "aquello" empezó a moverse "independientemente de mí". Y es que fue eso exactamente lo que más me sorprendió, creo que empecé a comprender que, aunque ahora seamos casi uno, somos seres diferentes y yo sólo soy su cuevita donde crecer y desarrollarse, donde estar seguro y donde ir ganando día a día la batalla hacia su individualidad.
Pero dejando los pensamientos filosóficos a un lado, cómo no se movería que le pedí a mi chico que pusiera la mano y notó que sí, que ahí estaba su bebé, pataleando o dándose de cabezazos o haciendo quien sabe qué... pero saludándole por primera vez.
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lunes, 17 de septiembre de 2012
Pesadillas del embarazo: ¿Dónde he puesto al bebé?
Esta noche ha sido movidita, hoy es mi primer día en el trabajo tras las vacaciones y me he pasado media noche soñando que era incapaz de abrir el correo electrónico, que miraba cosas delante de mi (nueva) jefa y sólo conseguía abrir facebook y otras mil cosas más.
Pero lo que más me ha impactado, es una "minipesadilla" que he tenido relacionada con el parto:
Me encontraba en una cama del hospital y, entre contracciones no muy fuertes, daba a luz a un bebé del tamaño de una muñeca barriguitas y muy poco formado. El parto había resultado facilísimo, pero con ese bebé tan pequeño, no era raro.
Yo andaba preocupada por llamar al padre de la criatura (mi marido, menos mal!), al que se me había olvidado avisar. El ginecólogo que me había atendido estaba desaparecido, y yo solita me puse al microbebé al pecho, pero aquello resultaba dificilísimo, dolía y no salía nada. Entonces llegaba mi marido y le enseñaba a su hij@. Más tarde llegaban mis padres que, lógicamente querían conocer a su niet@ y... ¡¡horror, habíamos perdido al bebé entre las sábanas!! Era tan pequeño que no lo encontrábamos por ningún sitio y yo era incapaz de recordar dónde lo había dejado.
"Da igual", decía mi madre, "podéis tener otros...".
Vaya nochecita...
Pero lo que más me ha impactado, es una "minipesadilla" que he tenido relacionada con el parto:
Me encontraba en una cama del hospital y, entre contracciones no muy fuertes, daba a luz a un bebé del tamaño de una muñeca barriguitas y muy poco formado. El parto había resultado facilísimo, pero con ese bebé tan pequeño, no era raro.
Yo andaba preocupada por llamar al padre de la criatura (mi marido, menos mal!), al que se me había olvidado avisar. El ginecólogo que me había atendido estaba desaparecido, y yo solita me puse al microbebé al pecho, pero aquello resultaba dificilísimo, dolía y no salía nada. Entonces llegaba mi marido y le enseñaba a su hij@. Más tarde llegaban mis padres que, lógicamente querían conocer a su niet@ y... ¡¡horror, habíamos perdido al bebé entre las sábanas!! Era tan pequeño que no lo encontrábamos por ningún sitio y yo era incapaz de recordar dónde lo había dejado.
"Da igual", decía mi madre, "podéis tener otros...".
Vaya nochecita...
jueves, 9 de agosto de 2012
Mi primera ecografía (7+1)
Si hubiera visto este artículo de Crianza Natural en las primerísimas semanas del embarazo, quizá no hubiera tenido tanta prisa en ver por un agujerito que se estaba cociendo en mi interior. Pero confiar ciegamente no es lo mío, y confiar ciegamente en una rayita rosa (ejem, ¿10, 15,...?) menos. Así que en cuanto confirmé que estaba embarazada con la "nobajadadeerregla" me puse a buscar como loca dónde me podían hacer una ecografía antes de la "protocolaria" de la semana 12, y por un precio lo menos desproporcionado posible.
Encontré algunos de sitios, pero en muy pocos me daba la sensación de que me hicieran una ecografía "y listo", sin que persiguieran llevarme el embarazo completo o sin que tuviera que dar muchas explicaciones. Al final, por cercanía y por precio decidí llamar a SERGINE MÉDICA: http://www.serginemedica.es/ginecologia/obstetricia.html
Me dieron cita para el día siguiente y ya por teléfono me informaron de los precios:
Encontré algunos de sitios, pero en muy pocos me daba la sensación de que me hicieran una ecografía "y listo", sin que persiguieran llevarme el embarazo completo o sin que tuviera que dar muchas explicaciones. Al final, por cercanía y por precio decidí llamar a SERGINE MÉDICA: http://www.serginemedica.es/ginecologia/obstetricia.html
Me dieron cita para el día siguiente y ya por teléfono me informaron de los precios:
- Ecografía vaginal: 70€
- Ecografía abdominal: 50€
(creo que no es muy caro para lo que se suele cobrar por una ecografía, pero la verdad es que no tengo mucha idea de cómo anda el mercado...). Me explicaron que, en principio, intentarían ver el embrión con una eco abdominal, pero si no se veía tendrían que recurrir a la vaginal.
Llegamos a las 19.30, algo nerviosos (sobre todo yo) por si resultaba que todo era un sueño, o un embarazo psicológico (¿?), o qué sé yo!!! Y nos encontramos una clínica "poco moderna", pintada de amarillo, con desconchones y llena de carteles en chino. Después de una media hora de espera, pasamos a una pequeña salita donde una ginecóloga y una ayudante me hicieron 3 o 4 preguntas y me pidieron que me tumbara sobre la camilla para hacerme la eco abdominal. Este detalle me gustó, pues con tan poquitas semanas de embarazo me podían haber vendido fácilmente que era necesario recurrir a una eco vaginal, y obligarme a pagar un poquito más... y sobre todo me gustó que no me "metieran nada por ningún sitio", porque la verdad es que aquello no me inspiraba muchísima confianza.
Pero pese a todo el rechazo que los carteles en chino y los desconchones en las paredes me causaban, lo cierto es que esa ginecóloga me presentó a mi proyecto de bebé, de niño, de adulto, DE HIJO. Y me dio confianza, me explicó lo bien implantado que estaba y, aunque no pudimos escuchar el latido, nos lo mostró en la pantalla y nos explicó cada sombra que se veía en la ecografía.
Salimos de allí renovados, con capacidad y fuerza para esperar a la semana 12. La verdad es que fueron los 50€ mejor invertidos.
Salimos de allí renovados, con capacidad y fuerza para esperar a la semana 12. La verdad es que fueron los 50€ mejor invertidos.
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embarazo
viernes, 3 de agosto de 2012
La prueba de la medalla
Vaya por delante que no soy supersticiosa y que esto me parece "un juego de viejas". Pero me hace gracia que quede por escrito.
Dice la tradición que una medalla de oro puede predecir los hijos que tendrás y su sexo.
Para ello, debemos colocar la mano derecha como si estuviéramos sujetando "un palo gordo de una escoba", y otra persona agarra la cadena de la medalla y la sube y la baja tres veces entre tus dedos. Hecho esto, la sube y observamos el movimiento:
Hay que repetirlo las veces que haga falta hasta que al subir la medalla, ésta no se mueva. La pega es que, por lo visto, no te dice el sexo en orden (esto varía según quien te lo cuente).
Pues bien, como os contaba en esta entrada, la semana pasada echamos muchas, muchas horas en el hospital. Y entre unas cosas y otras y con motivo de mi embarazo, me hicieron este juego. Salió lo siguiente:
Dice la tradición que una medalla de oro puede predecir los hijos que tendrás y su sexo.
Para ello, debemos colocar la mano derecha como si estuviéramos sujetando "un palo gordo de una escoba", y otra persona agarra la cadena de la medalla y la sube y la baja tres veces entre tus dedos. Hecho esto, la sube y observamos el movimiento:
- Si la medalla gira en círculos: tendremos una niña
- Si la medalla se mueve de delante hacia atrás: tendremos un niño
- Si la medalla no se mueve: no tendremos más hijos
Hay que repetirlo las veces que haga falta hasta que al subir la medalla, ésta no se mueva. La pega es que, por lo visto, no te dice el sexo en orden (esto varía según quien te lo cuente).
Pues bien, como os contaba en esta entrada, la semana pasada echamos muchas, muchas horas en el hospital. Y entre unas cosas y otras y con motivo de mi embarazo, me hicieron este juego. Salió lo siguiente:
- La medalla giró en círculos: niña
- La medalla se movió de delante hacia atrás: niño
- La medalla no se movió: sólo tendría dos hijos (yo siempre he dicho tres, pero claro, aún no tengo ninguno!)
Así que según a medalla, voy a tener dos hijos, un chico y una chica.
Hoy cumplo 11 semanas, así que aún nos quedan casi dos meses para saber si tendremos un bebote o una bebota en nuestros brazos. Para que no haya trampa ni cartón: ¡aquí queda dicho!
Nota curiosa: no se lo quisieron hacer a mi marido porque cuentan que se lo hicieron a una de mis tías, y le salió que tendría 3 hijos, y luego se lo hicieron a su entonces marido, y le salieron 4 hijos... a día de hoy podemos decir que "la profecía" se ha cumplido ;)
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miércoles, 1 de agosto de 2012
El ciclo vital
Me había imaginado mil veces cómo le contaría a mi familia (y no me refiero a papá+mamá+hermano, que lo supieron casi tan pronto como yo) que dentro de poco "todos" querría decir "uno más". Pensaba hacer una cena en casa, tener una excusa para reunirnos, o quedar en alguna terraza veraniega,...
Pero de repente, a la semana de ver mi positivo y sin venir a cuento, tú, que siempre me llamabas Miss Madrid, empezaste a ponerte pachucha. Como si de una carrera se tratara, a los poquitos días ya estabas en la UVI, sedada y llena de tubos, e ibas pasando por todas las infecciones y complicaciones. Tu cuerpo tomaba todos los "caminos B", como nos explicaron los médicos.
Semana a semana yo me llenaba de vida y tú te marchitabas. Mientras, las lágrimas de alegría y tristeza se mezclaban en los ojos de mi padre.
Hacia la semana 9 de mi embarazo nos diste el primer susto: te apagabas. Eso bastó para que todos abandonáramos nuestros planes y nuestras rutinas (trabajos, vacaciones, viajes,...) y nos juntáramos a los pies de tu cama a las horas permitidas por la UVI a soplarte un poquito de vida.
Te susurré al oído que estaba esperando un bebé, y superaste ese jueves. Pero en nuestras caras se quedó el susto, en nuestros sueños se quedó el miedo, y una idea no nos abandonaba "podías irte en cualquier momento". Y en una comida en la que brindábamos por el 80 de ese día (tu nivel de oxígeno), lo solté. De la misma manera en la que siempre me lo había imaginado, con todos juntos alrededor de una mesa, sin prisas, queriéndonos... Sin duda hay que tener cuidado con lo que se desea, porque podemos llegar a conseguirlo.
Y fue cuestión de días que tu corazón no pudiera más.
Pero de repente, a la semana de ver mi positivo y sin venir a cuento, tú, que siempre me llamabas Miss Madrid, empezaste a ponerte pachucha. Como si de una carrera se tratara, a los poquitos días ya estabas en la UVI, sedada y llena de tubos, e ibas pasando por todas las infecciones y complicaciones. Tu cuerpo tomaba todos los "caminos B", como nos explicaron los médicos.
Semana a semana yo me llenaba de vida y tú te marchitabas. Mientras, las lágrimas de alegría y tristeza se mezclaban en los ojos de mi padre.
Hacia la semana 9 de mi embarazo nos diste el primer susto: te apagabas. Eso bastó para que todos abandonáramos nuestros planes y nuestras rutinas (trabajos, vacaciones, viajes,...) y nos juntáramos a los pies de tu cama a las horas permitidas por la UVI a soplarte un poquito de vida.
Te susurré al oído que estaba esperando un bebé, y superaste ese jueves. Pero en nuestras caras se quedó el susto, en nuestros sueños se quedó el miedo, y una idea no nos abandonaba "podías irte en cualquier momento". Y en una comida en la que brindábamos por el 80 de ese día (tu nivel de oxígeno), lo solté. De la misma manera en la que siempre me lo había imaginado, con todos juntos alrededor de una mesa, sin prisas, queriéndonos... Sin duda hay que tener cuidado con lo que se desea, porque podemos llegar a conseguirlo.
Y fue cuestión de días que tu corazón no pudiera más.
domingo, 1 de julio de 2012
Porqué ellos necesitan un Clear Blue
Sábado, 9 de junio de 2012 (perdonad por publicar tan tarde!)
El viernes me dormí, nerviosita perdida por esa ligerísima sombra (mi marido no la veía y yo fingí que tampoco).
Abro los ojos a las 6 de la mañana. Aguanto como puedo en la cama, doy vueltas, me destapo, leo... Miro fijamente a los ojos cerrados de mi marido, a ver si se da por aludido. No funciona. A las 8 ya no puedo más, y le hago salir de la cama.
Contra todo pronóstico el test de embarazo ultrasensible, a 3 días de la regla vuelve a mostrar una sombra que solo yo percibo (y sólo si la miro bajo la luz del flexo). MIERDA!
Como le conozco, sé que mi ingeniero favorito no se va a creer el positivo hasta que no vea una raya tan coloreada como la bandera del orgullo gay, así que le propongo comprar un test de Clear Blue que muestre aquello de "Embarazada 1-2".
Por la noche, y como particular despedida a nuestra vida de pareja sin preocupaciones (sin que él lo sepa, claro), nos damos un festín de sushi, con vinito incluido (si finjo que no veo nada, tengo que ser consecuente), y le llevo al cine a ver un bodrio de esos que le encantan (Los Vengadores).
Domingo, 10 de junio de 2012
Ya no me quedan uñas y estoy deseando que él se lo crea tanto como yo. Nos levantamos. Recojo el pis en un vaso de plástico de Brugal (tipo mini) que tiene asignada esa misión. Él abre el Clear Blue.
Estoy histérica. Los test Clear Blue tienen una sensibilidad limitada a varios días de la primera falta.
Me limpio y... zas!!! Toda la orina recogida cae por el suelo de nuestro baño. DESASTRE.
Levanto el vaso rápido: queda un culín. Este caos logra que olvide mi particular obsesión, y mientras me pongo a limpiar, le pido a mi marido que vaya introduciendo el test en las cuatro gotas del vaso (ay, qué falta de vergüenza!).
Nos quedamos los dos atontados mirando el test fijamente. El corazón se me sale por la boca: como ponga "No embarazada" voy a llorar.
Y de repente: "Embarazada" y segundos más tarde "1-2".
Respiro tranquila... Ahora los dos ¡estamos embarazados!.
El viernes me dormí, nerviosita perdida por esa ligerísima sombra (mi marido no la veía y yo fingí que tampoco).
Abro los ojos a las 6 de la mañana. Aguanto como puedo en la cama, doy vueltas, me destapo, leo... Miro fijamente a los ojos cerrados de mi marido, a ver si se da por aludido. No funciona. A las 8 ya no puedo más, y le hago salir de la cama.
Contra todo pronóstico el test de embarazo ultrasensible, a 3 días de la regla vuelve a mostrar una sombra que solo yo percibo (y sólo si la miro bajo la luz del flexo). MIERDA!
Como le conozco, sé que mi ingeniero favorito no se va a creer el positivo hasta que no vea una raya tan coloreada como la bandera del orgullo gay, así que le propongo comprar un test de Clear Blue que muestre aquello de "Embarazada 1-2".
Por la noche, y como particular despedida a nuestra vida de pareja sin preocupaciones (sin que él lo sepa, claro), nos damos un festín de sushi, con vinito incluido (si finjo que no veo nada, tengo que ser consecuente), y le llevo al cine a ver un bodrio de esos que le encantan (Los Vengadores).
Domingo, 10 de junio de 2012
Ya no me quedan uñas y estoy deseando que él se lo crea tanto como yo. Nos levantamos. Recojo el pis en un vaso de plástico de Brugal (tipo mini) que tiene asignada esa misión. Él abre el Clear Blue.
Estoy histérica. Los test Clear Blue tienen una sensibilidad limitada a varios días de la primera falta.
Me limpio y... zas!!! Toda la orina recogida cae por el suelo de nuestro baño. DESASTRE.
Levanto el vaso rápido: queda un culín. Este caos logra que olvide mi particular obsesión, y mientras me pongo a limpiar, le pido a mi marido que vaya introduciendo el test en las cuatro gotas del vaso (ay, qué falta de vergüenza!).
Nos quedamos los dos atontados mirando el test fijamente. El corazón se me sale por la boca: como ponga "No embarazada" voy a llorar.
Y de repente: "Embarazada" y segundos más tarde "1-2".
Respiro tranquila... Ahora los dos ¡estamos embarazados!.
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