Esta semana Madresfera nos propone hablar de los viajes con nuestros hijos. Entre todos los post se sorteará una silla Assure grupo 2-3 de Graco Baby España, que nos vendría fenomenal para cuando nuestra bebé sea un poco menos bebé.
En nuestro caso, a todos los problemas típicos de viajar con niños a nosotros se nos suma que tenemos perro. El perro viaja en el maletero, así que cuando en nuestro nido sólo éramos 3 (mi marido, nuestro perro y yo), utilizábamos los asientos traseros de maletero. Ahora la bebé y yo viajamos detrás. ¡Horror! ¿Dónde ponemos las maletas?
La solución más obvia sería cambiar de coche, pero ni nuestros ahorros están para tirar cohetes, ni tenemos ganas de más líos, que tenemos el coche pagado, tiene 5 puertas (esto sí que sí, fundamental) y va estupendamente.
Dicho esto, ¿cómo convertimos nuestro Ford Fiesta en un coche familiar? Nosotros hemos encontrado 3 soluciones:
1- El cofre de techo:
Seguro que en los atascos habéis visto coches que llevan sobre la vaca una "caja" negra. Estos cofres tienen una gran capacidad, fácilmente entra una maleta grande y una mediana, así que nos permiten disponer de "otro maletero". Son fáciles y rápidos de colocar siempre que se deje la baca del coche puesta.
Los hay rígidos y flexibles. Los primeros se guardan sin plegar, con lo cual más te vale que el tamaño que le falta a tu coche lo tenga tu casa. Nosotros hemos comprado uno flexible que se pliega y lo guardamos en el altillo de un armario.
2- Enviar las maletas en autobús:
Las compañías de autobuses que hacen viajes regulares (como Alsa, por ejemplo) ofrecen servicio de transporte de equipajes con precios mucho más económicos que las compañías especializadas en envíos de paquetes. Basta con hacer las maletas un par de días antes de salir de viaje, que nunca viene mal para evitar los agobios de última hora.
3- Alquiler de productos de bebés en el destino:
Cada vez son más las empresas especializadas en alquilar sillas de paseo, tronas, bañeras, cuna, sillas de seguridad,... en los destinos turísticos. Nosotros tenemos familia fuera de España y esta solución es fundamental cuando vamos a visitarlos, pues sale muchísimo más económico alquilar durante unos días cualquiera de estos "chismes" que facturarlo en avión. Nosotros viajamos con nuestra mochila ergonómica, que además nos resulta más cómoda para llegar al aeropuerto, y alquilaremos el cochecito de bebé y la silla de seguridad para el coche en nuestro destino.
Pese a que con estas soluciones conseguimos viajar con todo lo que necesitamos, a veces me encuentro empaquetando también todo lo que pudiéramos necesitar en caso de catástrofe natural, nuclear, terremotos,... Y creo que esto nos ocurre a la mayoría. La dificultad no radica ya en transportarlo, sino en que al final de las vacaciones necesitas otros 3 días para colocar todo aquello que te llevaste y que vuelve sin usar. Por eso, cuando preparamos el equipaje intentamos no quitarnos de la cabeza la idea de optimizar, optimizar y optimizar. Gracias al colecho evitamos viajar con cuna de viaje y lavar sus sabanas, creo que aunque no colecháramos normalmente, sí lo haríamos en caso de viajes. Generalmente cambiamos el cochecito de bebé por nuestra mochila ergonómica y la teta (oh, la teta!) evita que tengamos que viajar con biberones, esterilizador, paquetes de leche de fórmula,...
¿Tenéis algún truco para solucionar la falta de espacio y el exceso de equipaje? ;)
A nuestro nido acaba de llegar una preciosa bebé para ponerlo patas arriba y dar un giro a nuestras vidas
lunes, 29 de abril de 2013
sábado, 27 de abril de 2013
Comenzando la lactancia
Siempre tuve claro que daría el pecho a mis hijos pero, cuando me fui acercando a la maternidad a través de amigas, familiares o bloggers, me di cuenta de que aquello no era tan fácil, y los primeros días de lactancia podrían venir acompañados de dolor, grietas, dudas, ... Así que preparé mi bolsa del hospital sin olvidar meter el Purelán. Las esperé, pero las grietas, las dudas y los dolores nunca llegaron.
La lactancia en nuestro caso ha sido coser y cantar. Fácil, bonita, íntima,... y sí, hay algo de suerte en ello, pero echando la vista atrás creo que hay algunos aspectos que nos han ayudado a mi hija y a mi en este camino:
1- El contacto "piel con piel" precoz
En el hospital donde di a luz se practica y respeta el "piel con piel": cuando el bebé nace pasa 2 horas en contacto directo con su madre, sin lavar ni vestir y sin que nadie interrumpa. Las visitas deben esperar esas dos horas fuera, y sólo el padre puede estar en la sala. El test de Apgar y cualquier prueba que haya que realizar se hace mediante observación, y todo aquello que puede esperar (pesar y medir al bebe, vitamina K,...) se pospone (siempre y cuando el estado del bebe y de la madre lo permitan).
En el paritorio, mi hija ya hacia movimientos decididos para acercarse al pecho. Y cuando nos pasaron a la sala donde íbamos a descansar esas dos horas, siguió insistiendo. Al no terminar de conseguirlo le entró un berrinche monumental y como la matrona que nos atendió era conocida, entró a ver qué nos ocurría y la cogió en brazos. A mí no me hizo mucha gracia que la separarán de mí, pero debo reconocer que fueron pocos minutos y al ver que se calmaba me relajé. Luego mi marido cogió a la niña y la dejó completamente calmada. Después de eso, la puse encima de mí y se agarró.
2- Cambiar de postura
No se me había ocurrido que amamantar en distintas posiciones pudiera ayudar a evitar problemas, pero ahora creo que que variar de postura hace que cambie la zona "más sufrida" del pezón, y evita dolores en la fase de "acoplamiento" entre el bebe y la madre. Yo tenía verdadero interés en "aprender" a amamantar en distintas posiciones porque siempre me ha llamado la atención que mis amigas daban el pecho sentadas con el bebe en su regazo incluso por las noches. El día del nacimiento de mi bebé solo la amamanté tumbada, que es como me ayudaron a ponerla al principio. Al día siguiente pedí ayuda para darle el pecho sentada (la postura clásica), y el día que volvimos a casa mi madre me ayudó a ponerla a caballito. Desde entonces, aunque tenemos nuestras favoritas, las alternamos e incluso introducimos variaciones. Creo
3- Conocimiento
Leer, hablar, preguntar,... Intenté absorber toda la información posible relacionada con la lactancia durante el embarazo y los años previos. Aunque hoy en día es difícil conocer la lactancia materna desde un punto de vista práctico (concretamente yo sólo he vivido la lactancia de mi hermano, que duró unos 3 meses y fue mixta), hay muchísima información al respecto y como madres y padres, tenemos la obligación de aprender algunas cosas para recibir de la mejor manera posible a nuestros bebés. Conocer al menos la parte teórica de la lactancia me proporcionó una tranquilidad absoluta.
El día después del parto aún no había visto salir una sola gota del pezón, pero mi hija se agarraba y succionaba. Casi todas las personas que nos visitaron esos días me preguntaron si me había subido la leche y yo no sabía que contestar. Suponía que no porque no notaba nada y no veía gotas, pero no me importaba lo más mínimo, sabía que hacíamos lo correcto, ella mamando y yo ofreciéndola mi pecho en cuanto abría un ojo. Tenía confianza plena en que mi cuerpo no iba a dejar a mi bebe morir de hambre o sed, que saliera leche era cuestión de tiempo (creo que aunque yo no lo viera, evidentemente había calostro).
Más adelante, en las reuniones postparto algunos padres me han hablado de la tranquilidad que les aportó dar al bebé una jeringa con leche de fórmula la primera noche, pues saber que su hijo estaba alimentado les permitió enfrentarse con más sosiego a la lactancia. Desde mi punto de vista es necesario mantener la calma, pero más efectivo que esa jeringa de leche de fórmula es tener información y confiar en tu nuevo cuerpo de madre.
4- Pedir ayuda
Tengo la suerte de que mi madre sabe bastante más de lactancia de lo que suele ser normal, y de que nos acompañara desde las primeras contracciones. Aún así, el ritmo de visitas y su horario de trabajo no me permitió pedirle toda la ayuda que necesitaba. Di a luz en un hospital IHAN, donde se apoya manifiestamente la lactancia materna, y ante el más mínimo problema pedimos ayuda a las enfermeras. Algunas te atienden con más cariño que otras, pero siempre que tuve problemas para enganchar a mi hija al pecho, alguien me ayudó.
5- Apoyo
Contar con el apoyo de la pareja es esencial. En primer lugar para que valore ese trabajo extra que conlleva ser mamá lactante frente a ser papá, y por tanto él debe asumir y liberarme de otras tareas. Pero también porque durante los primeros días se escuchan barbaridades de boca de las visitas y es necesario que alguien frene a esa tía que repite insistentemente que cambies al bebé de pecho, a esa suegra que no te quiere dar al bebé porque aún "no le toca la toma", a ese amigo que opina que le estás cebando,... Si al apoyo de la pareja se suma el de los abuelos, ¡¡para qué queremos más!!
6- Ni chupetes ni biberones durante las primeras semanas
Nos parecía obvio, si queríamos que nuestro bebé se enganchara bien a la teta, mejor no confundirle con tetinas de silicona... pero por lo visto no todo el mundo opina lo mismo. A mí me parece que esto nos ayudó.
7- Colecho en el hospital
Las primeras noches estaba incómoda con la cicatriz de la j***** episiotomía, así que dejé al bebé en mi cama. Quizá dormí menos profundamente que si hubiera estado en su cuna, pero me resultaba fácil ofrecerle el pecho y no tenerme que levantar me quitaba estrés y cansancio.
¿Creéis que es sólo cuestión de suerte evitar grietas y dolores, o por el contrario pensáis que estos factores han podido facilitar el proceso?
La lactancia en nuestro caso ha sido coser y cantar. Fácil, bonita, íntima,... y sí, hay algo de suerte en ello, pero echando la vista atrás creo que hay algunos aspectos que nos han ayudado a mi hija y a mi en este camino:
1- El contacto "piel con piel" precoz
En el hospital donde di a luz se practica y respeta el "piel con piel": cuando el bebé nace pasa 2 horas en contacto directo con su madre, sin lavar ni vestir y sin que nadie interrumpa. Las visitas deben esperar esas dos horas fuera, y sólo el padre puede estar en la sala. El test de Apgar y cualquier prueba que haya que realizar se hace mediante observación, y todo aquello que puede esperar (pesar y medir al bebe, vitamina K,...) se pospone (siempre y cuando el estado del bebe y de la madre lo permitan).
En el paritorio, mi hija ya hacia movimientos decididos para acercarse al pecho. Y cuando nos pasaron a la sala donde íbamos a descansar esas dos horas, siguió insistiendo. Al no terminar de conseguirlo le entró un berrinche monumental y como la matrona que nos atendió era conocida, entró a ver qué nos ocurría y la cogió en brazos. A mí no me hizo mucha gracia que la separarán de mí, pero debo reconocer que fueron pocos minutos y al ver que se calmaba me relajé. Luego mi marido cogió a la niña y la dejó completamente calmada. Después de eso, la puse encima de mí y se agarró.
| Fuente: Recomendaciones sobre lactancia materna de la AEPED |
2- Cambiar de postura
No se me había ocurrido que amamantar en distintas posiciones pudiera ayudar a evitar problemas, pero ahora creo que que variar de postura hace que cambie la zona "más sufrida" del pezón, y evita dolores en la fase de "acoplamiento" entre el bebe y la madre. Yo tenía verdadero interés en "aprender" a amamantar en distintas posiciones porque siempre me ha llamado la atención que mis amigas daban el pecho sentadas con el bebe en su regazo incluso por las noches. El día del nacimiento de mi bebé solo la amamanté tumbada, que es como me ayudaron a ponerla al principio. Al día siguiente pedí ayuda para darle el pecho sentada (la postura clásica), y el día que volvimos a casa mi madre me ayudó a ponerla a caballito. Desde entonces, aunque tenemos nuestras favoritas, las alternamos e incluso introducimos variaciones. Creo
3- Conocimiento
Leer, hablar, preguntar,... Intenté absorber toda la información posible relacionada con la lactancia durante el embarazo y los años previos. Aunque hoy en día es difícil conocer la lactancia materna desde un punto de vista práctico (concretamente yo sólo he vivido la lactancia de mi hermano, que duró unos 3 meses y fue mixta), hay muchísima información al respecto y como madres y padres, tenemos la obligación de aprender algunas cosas para recibir de la mejor manera posible a nuestros bebés. Conocer al menos la parte teórica de la lactancia me proporcionó una tranquilidad absoluta.
El día después del parto aún no había visto salir una sola gota del pezón, pero mi hija se agarraba y succionaba. Casi todas las personas que nos visitaron esos días me preguntaron si me había subido la leche y yo no sabía que contestar. Suponía que no porque no notaba nada y no veía gotas, pero no me importaba lo más mínimo, sabía que hacíamos lo correcto, ella mamando y yo ofreciéndola mi pecho en cuanto abría un ojo. Tenía confianza plena en que mi cuerpo no iba a dejar a mi bebe morir de hambre o sed, que saliera leche era cuestión de tiempo (creo que aunque yo no lo viera, evidentemente había calostro).
Más adelante, en las reuniones postparto algunos padres me han hablado de la tranquilidad que les aportó dar al bebé una jeringa con leche de fórmula la primera noche, pues saber que su hijo estaba alimentado les permitió enfrentarse con más sosiego a la lactancia. Desde mi punto de vista es necesario mantener la calma, pero más efectivo que esa jeringa de leche de fórmula es tener información y confiar en tu nuevo cuerpo de madre.
4- Pedir ayuda
Tengo la suerte de que mi madre sabe bastante más de lactancia de lo que suele ser normal, y de que nos acompañara desde las primeras contracciones. Aún así, el ritmo de visitas y su horario de trabajo no me permitió pedirle toda la ayuda que necesitaba. Di a luz en un hospital IHAN, donde se apoya manifiestamente la lactancia materna, y ante el más mínimo problema pedimos ayuda a las enfermeras. Algunas te atienden con más cariño que otras, pero siempre que tuve problemas para enganchar a mi hija al pecho, alguien me ayudó.
5- Apoyo
Contar con el apoyo de la pareja es esencial. En primer lugar para que valore ese trabajo extra que conlleva ser mamá lactante frente a ser papá, y por tanto él debe asumir y liberarme de otras tareas. Pero también porque durante los primeros días se escuchan barbaridades de boca de las visitas y es necesario que alguien frene a esa tía que repite insistentemente que cambies al bebé de pecho, a esa suegra que no te quiere dar al bebé porque aún "no le toca la toma", a ese amigo que opina que le estás cebando,... Si al apoyo de la pareja se suma el de los abuelos, ¡¡para qué queremos más!!
6- Ni chupetes ni biberones durante las primeras semanas
Nos parecía obvio, si queríamos que nuestro bebé se enganchara bien a la teta, mejor no confundirle con tetinas de silicona... pero por lo visto no todo el mundo opina lo mismo. A mí me parece que esto nos ayudó.
7- Colecho en el hospital
Las primeras noches estaba incómoda con la cicatriz de la j***** episiotomía, así que dejé al bebé en mi cama. Quizá dormí menos profundamente que si hubiera estado en su cuna, pero me resultaba fácil ofrecerle el pecho y no tenerme que levantar me quitaba estrés y cansancio.
¿Creéis que es sólo cuestión de suerte evitar grietas y dolores, o por el contrario pensáis que estos factores han podido facilitar el proceso?
martes, 16 de abril de 2013
El mejor regalo para mamá
Aprovechando lo cerquita que tenemos el día de la madre os propongo, dentro de la iniciativa #yoregalotrabajo, cuatro regalos muy diferentes para mamá, todos ellos fruto del esfuerzo de mujeres emprendedoras. Los cuatro regalos los he hecho recientemente y me han encantado, así que estoy segura de que triunfarán en vuestras casas:
1- Lorecomin y sus Amatu mamá: muñecas que dan a luz, amamantan y portean
Lorena hace con sus manitas preciosas muñecas que dan a luz a un bebé con el que están unidas por un cordón umbilical, lo amamantan e incluso lo portean. Además sus muñecas pueden tener el color de piel, los ojos, el pelo o el vestido personalizado.
Yo le pedí a Lorena que me hiciera una matrona, una Amatu mamá y un papá inspirados en nosotros. Me parece un bonito regalo para mi madre, que es matrona y nos acompañó el día del parto. Además son muñecas resistentes y estoy segura de que dentro de unos años dormirán en el baúl de juguetes de mi hija.
Me parecen un regalo original y bonito para tu matrona si quieres agradecerle su trabajo, para una mamá reciente o futura o para que los niños jueguen con una muñeca más parecida a sus madres que las Barbies.
2- Mochilas-Portabebés: una mochila ergonómica
Eva es una de las mamás más conocidas de la blogosfera que, después de haber porteado horas y horas a su hijo pequeño, ha puesto en marcha una tienda especializada en mochilas ergonómicas. Antes de recomendarte una mochila u otra se interesa por las necesidades de la familia para encontrar la idónea. Hace poco os contaba lo bien que nos ha venido descubrir el porteo (aquí), y como llevo a mi bebé en el fular a todas partes. Como regalo de mi primer día de la madre he pedido una mochila Emeibaby porque nos apetece tener un portabebés que sea rápido de poner y quitar, que no arrastre por el suelo y fácil de usar para que otras personas de la familia puedan ayudarnos llevando también al bebé (por mucho que lo pienso, no veo a mi padre atándose un fular).
3- No Somos Malas: un kit para pasar una noche inovidable
María es una mamá que, con su boutique erótica, nos acerca al erotismo femenino: caricias, besos, sensaciones... Este kit Tesoros Ocultos contiene varios productos de cosmética erótica para celebrar el día (o la noche) de la mujer de tu vida: cremas con sabores, deliciosos aceites que crean una sensación de calor sobre la piel al soplar, un plumero para extender polvos de talco comestibles por su piel...
4- Taller de gimnasia abdominal hipopresiva de Yoga para mamá:
María Dolores Teruel es una fisioterapeuta especializada en uroginecología y obstetricia que imparte talleres de introducción a la gimnasia abdominal hipopresiva en varios centros de Madrid (Entre Mamás, El Horno y D´espacio Yoga). Los talleres constan de 8 clases de una hora en los que vamos tomando conciencia de esos músculos de nuestro cuerpo que desconocíamos y aprendemos a hacer los ejercicios que previnen la incontinencia urinaria, fortalecen las abdominales sin dañar otras zonas, ayudan a recuperar el tono muscular perineal tras el embarazo y el parto,... . A las 4 semanas de dar a luz me apunté a uno de estos talleres y la gimnasia hipopresiva me ha enganchado. Creo que es un buen regalo para cualquier mujer, pero más aún para aquellas que sentimos que tras el parto "no todo" ha vuelto a la normalidad.
1- Lorecomin y sus Amatu mamá: muñecas que dan a luz, amamantan y portean
Yo le pedí a Lorena que me hiciera una matrona, una Amatu mamá y un papá inspirados en nosotros. Me parece un bonito regalo para mi madre, que es matrona y nos acompañó el día del parto. Además son muñecas resistentes y estoy segura de que dentro de unos años dormirán en el baúl de juguetes de mi hija.
Me parecen un regalo original y bonito para tu matrona si quieres agradecerle su trabajo, para una mamá reciente o futura o para que los niños jueguen con una muñeca más parecida a sus madres que las Barbies.
2- Mochilas-Portabebés: una mochila ergonómica
3- No Somos Malas: un kit para pasar una noche inovidable
Comienza con el aceite esparciéndolo gota a gota por diferentes partes del cuerpo, sopla sobre ellas para aumentar el calor, sigue su rastro con sugerentes besos y luego moja el plumero de deliciosos polvos para esparcirlos por donde más te guste lamer. Por último cuando ya veas que estáis al borde del delirio, usar el bálsamo refrescante para intensificar las sensaciones en las zonas íntimas. Todo un estímulo para vuestros sentidos.Para hacer un regalo diferente o para futuras mamás "en búsqueda".
4- Taller de gimnasia abdominal hipopresiva de Yoga para mamá:
miércoles, 10 de abril de 2013
Porteo contra la tristeza postparto
Hay montones de artículos hablando de los beneficios del porteo para mamás/papás y bebés, sin embargo por más que he buscado no he encontrado ninguno en el que se hable de la ayuda que supone portear para superar la tristeza postparto de los primeros días.
Durante el embarazo empecé a informarme sobre portabebés y poco a poco descubrí la diferencia entre portabebés ergonómicos y mochilas colgonas. Inicialmente quería una mochila ergonómica porque me parecía complicado anudar un fular y para qué engañarnos, creía que los fulares eran de madre requetemoderna y no iban conmigo. Sin embargo, me recomendaron un fular elástico para portear a una recién nacida en sus primeros días y lo compré (este).
Nació mi bebé y a las 24 horas empecé a notar la tristeza postparto. El revuelo hormonal junto con el miedo a las secuelas de la episiotomía y las pérdidas de orina ¡hacían que mis lágrimas tuvieran vida propia! Para aliviarla, como soy muy "callejera", mi marido y yo salíamos a pasear a diario con nuestra bebé: metíamos el carro en el ascensor, bajábamos unas escaleritas y nos íbamos al parque. Pero el mal tiempo y la lluvia, hacían que no nos apeteciera salir al parque y cuando él no me acompañaba me daba pereza salir sola de casa porque tengo que bajar algunas escaleritas, y con el cochecito me parecía misión imposible.
El día que nuestra bebé cumplía una semana, mi marido cogió el fular elástico y con este video aprendió a hacer el nudo. Se puso a la niña y la cosa parecía fácil, él estaba encantado y nuestra bebé también. Al día siguiente salimos a pasear con nuestra niña en el fular, sin miedo al frío o a la lluvia, porque iba bien pegadita a mí. Yo iba de la mano de mi marido y feliz de verla dormidita en mi pecho, como si llevara toda su vida siendo porteada (y así era, ¡claro!). Cogimos el autobús sin problemas de que viajara otro cochecito, paseamos los tres bajo el mismo paraguas, comimos fuera para celebrar su cumple-semana,
Desde entonces, el porteo ha sido mi pilar contra la tristeza postparto, me da la libertad que busco: libertad de movimiento llevando a mi bebé conmigo a todas partes.
El porteo me permite tener más vida social porque puedo salir de casa con facilidad. Consigo llegar (y con buen humor, que es importante) a los desayunos con mis amigas, a las comidas con mi familia, al grupo postparto de mi centro de salud... Con lo solas que solemos estar las madres recientes, esto ayuda. ¡Y al ir tan pegadita a mí nadie le toca ni la carita ni las manos!
Por otro lado, portear me anima a hacer ejercicio. Una caminata a buen ritmo cuando sale un rayito de sol hace que mis músculos, aún fofillos, estén "menos oxidados". Sentir que me cuido me ayuda a levantar el ánimo.
Además, si la niña quiere brazos mientras estoy ordenando o haciendo la cama, no tengo ningún problema: practicamos porteo indoor, que me deja las dos manos libres para hacer las tareas y los labios cerca de mi bebé para robarle algún beso.
Muchas madres me dicen que el porteo está bien para el bebé, pero ¿y todo lo demás que llevamos en el cochecito: pañales, toallitas, crema, body de repuesto,...? Nosotros lo arreglamos así: cuando voy con mi marido, uno lleva a la niña y otro un bolso-cambiador con todo dentro; pero si voy sola meto en mi bolso 2 pañales, un paquete chiquitito de toallitas y un body... ¡¡y a volar!!
Me pregunto cuántos besos hubiera dejado ya de dar a mi bebé si paseáramos con el cochecito... La llevo tan cerquita que... ¡me la como!
Durante el embarazo empecé a informarme sobre portabebés y poco a poco descubrí la diferencia entre portabebés ergonómicos y mochilas colgonas. Inicialmente quería una mochila ergonómica porque me parecía complicado anudar un fular y para qué engañarnos, creía que los fulares eran de madre requetemoderna y no iban conmigo. Sin embargo, me recomendaron un fular elástico para portear a una recién nacida en sus primeros días y lo compré (este).
Nació mi bebé y a las 24 horas empecé a notar la tristeza postparto. El revuelo hormonal junto con el miedo a las secuelas de la episiotomía y las pérdidas de orina ¡hacían que mis lágrimas tuvieran vida propia! Para aliviarla, como soy muy "callejera", mi marido y yo salíamos a pasear a diario con nuestra bebé: metíamos el carro en el ascensor, bajábamos unas escaleritas y nos íbamos al parque. Pero el mal tiempo y la lluvia, hacían que no nos apeteciera salir al parque y cuando él no me acompañaba me daba pereza salir sola de casa porque tengo que bajar algunas escaleritas, y con el cochecito me parecía misión imposible.
El día que nuestra bebé cumplía una semana, mi marido cogió el fular elástico y con este video aprendió a hacer el nudo. Se puso a la niña y la cosa parecía fácil, él estaba encantado y nuestra bebé también. Al día siguiente salimos a pasear con nuestra niña en el fular, sin miedo al frío o a la lluvia, porque iba bien pegadita a mí. Yo iba de la mano de mi marido y feliz de verla dormidita en mi pecho, como si llevara toda su vida siendo porteada (y así era, ¡claro!). Cogimos el autobús sin problemas de que viajara otro cochecito, paseamos los tres bajo el mismo paraguas, comimos fuera para celebrar su cumple-semana,
Desde entonces, el porteo ha sido mi pilar contra la tristeza postparto, me da la libertad que busco: libertad de movimiento llevando a mi bebé conmigo a todas partes.
El porteo me permite tener más vida social porque puedo salir de casa con facilidad. Consigo llegar (y con buen humor, que es importante) a los desayunos con mis amigas, a las comidas con mi familia, al grupo postparto de mi centro de salud... Con lo solas que solemos estar las madres recientes, esto ayuda. ¡Y al ir tan pegadita a mí nadie le toca ni la carita ni las manos!
Por otro lado, portear me anima a hacer ejercicio. Una caminata a buen ritmo cuando sale un rayito de sol hace que mis músculos, aún fofillos, estén "menos oxidados". Sentir que me cuido me ayuda a levantar el ánimo.
Además, si la niña quiere brazos mientras estoy ordenando o haciendo la cama, no tengo ningún problema: practicamos porteo indoor, que me deja las dos manos libres para hacer las tareas y los labios cerca de mi bebé para robarle algún beso.
Muchas madres me dicen que el porteo está bien para el bebé, pero ¿y todo lo demás que llevamos en el cochecito: pañales, toallitas, crema, body de repuesto,...? Nosotros lo arreglamos así: cuando voy con mi marido, uno lleva a la niña y otro un bolso-cambiador con todo dentro; pero si voy sola meto en mi bolso 2 pañales, un paquete chiquitito de toallitas y un body... ¡¡y a volar!!
Me pregunto cuántos besos hubiera dejado ya de dar a mi bebé si paseáramos con el cochecito... La llevo tan cerquita que... ¡me la como!
lunes, 8 de abril de 2013
Nuestro parto (III): Bienvenida, pequeña!
No tengo recuerdos claros al llegar a la sala de dilatación.
La cara de la matrona me resultó conocida, era la misma que me hizo los monitores la semana anterior. También ella me reconoció y me tranquilizó ver su cara sonriente y oír su voz.
Vino otra contracción que me pilló de pie, así que entre tanto profesional me puse de cuclillas a esperar a que pasara. Las contracciones ya no me hacían llorar, ya no me sentía tan vulnerable como cuando llegué al hospital.
Me pidieron que me tumbara para hacerme un tacto, y no sé qué se me pasó por la cabeza que quise pasar al baño por si me hacía pis durante el tacto... Me tumbé en la camilla (otra vez boca arriba, ¡horror!), y la matrona confirmó que estaba de 4 cm e introdujo un tubito con luz para verificar que tenía las aguas teñidas (esta prueba se llama amnioscopia). A continuación, cogió un palito (lanceta) para romperme la bolsa.
Nota: Supongo que rompieron la bolsa para confirmar si las aguas estaban teñidas y como mecanismo para acelerar el parto. Sin embargo en El parto es nuestro hay un artículo sobre "rotura artificial de la bolsa" que dice lo siguiente:
No me gustó que me rompieran la bolsa, pero sabía que las aguas teñidas no eran muy buenas noticias, así que no rechisté. Poco después me pusieron la vía y llegó el anestesista.
En el Hospital 12 de Octubre cabe la posibilidad de pedir la Walking Epidural. Es una analgesia que permite a la embarazada utilizar sus piernas al mismo tiempo que alivia el dolor de las contracciones y te permite adoptar posturas más favorables a la dilatación, caminar o utilizar un balón de pilates durante la dilatación.
Mientras me preparaban para la epidural, llegaron más contracciones. El anestesista me dijo que tenía que respirar más relajadamente para que el feto no se quedara sin oxígeno.
Me habían contado que el momento en el que te ponen la epidural era bastante molesto, pero en mi caso no fue así, quizá porque el dolor de las contracciones ya era fuerte o quizá porque el anestesista lo hizo estupendamente. Me dijo que tardaría una media hora en hacerme efecto, pero a partir del pinchazo no volví a sentir dolor... ¿Efecto placebo?
Aprovechando la Walking Epidural, me puse a caminar por el pasillo con mi madre y mi marido hasta que noté que el dolor de las contracciones volvía. Esta vez no como un dolor de espalda, sino como dolor "soportable" en el hueso de una de las caderas (con la epidural puede que una de las piernas se duerma más que la otra). No dije nada, y al poco tiempo volvimos a la habitación. Traté de utilizar el balón de pilates, pero la monitorización fetal externa no funcionaba bien cuando me sentaba y perdía el latido fetal, así que me quedé de pie balanceándome un poco sobre la pelvis.
Pronto el dolor volvió a ser importante, así que llamamos a la matrona. Me pusieron la epidural "normal" aunque debía ser floja, porque podía cambiar de postura y estar a 4 patas...
La matrona me hizo de nuevo un tacto y confirmó que estaba completa. ¿Completa? No me lo podía creer, sólo llevaba 2 horas y media en el hospital. Creo que me puso un enema, aunque no estoy segura y me enseñó a empujar. Me pidió que me quedara empujando tranquilamente cuando vinieran las contracciones, sin cansarme.
Con epidural, las contracciones se sienten muy diferentes, así que al principio necesitaba que me avisaran cuando venía la contracción, pero en 3 o 4 pujos me di cuenta de que el dolor de caderas coincidía con las contracciones. Al principio ese dolor era suave, y empujaba tranquilamente, pero fue creciendo y la postura en la que mejor aguantaba el dolor era a 4 patas (y culo al viento).
Vino de nuevo la matrona y me contó que mi bebé estaba ya "en tercer plano", que tenía que esperar a que bajara y rotara.
Se me ocurrió que si ella podía tocar su cabecita, yo también, y le pedí permiso para "autoexplorarme". ¡Qué sensación tan extraña tocar los pelitos de mi bebé por primera vez, y recorrer con mis dedos en décimas de segundo el camino que a ella le llevaría horas recorrer! Me emocioné tanto que insistí en que mi marido también lo hiciera. Con lo vergonzoso que es estoy segura de que fue un mal trago para él.
Estuve unas 2,5 horas empujando en la sala de dilatación hasta que me pasaron a paritorio. Antes de entrar les recordé que no quería que me hicieran episiotomía salvo necesidad extrema.
En el paritorio intentaba empujar con todas mis fuerzas, pero a veces me venía abajo porque pensaba que no lo hacia suficientemente bien. Los ánimos parecen una tontería hasta que estás allí.
Cuando ya estaba bastante cansada, me avisaron de que con cada empujón, mi bebé asomaba los pelitos pero volvía a meterse, así una y otra vez. Abrí los ojos y vi que alguien hacía una seña a otro como de una tijera, y lo entendí, así que dije bien alto que no quería episiotomía.
Un ginecólogo se puso a mi lado y me colocó la mano sobre la barriga practicando la maniobra de Kristeller. Me dolía que empujara, me dolía mucho. No quiero pensar lo que puede doler que apoyen el codo o que se suban sobre ti, porque para mí era muy molesto. Le pedí que no lo hiciera, pero supongo que estaba intentando evitar la episiotomía. La persona que estaba entre mis piernas, dirigiendo el parto, tiraba de la abertura de la vagina para facilitar al bebé que asomara, pero ni por esas.
No podía más, llevaba ya una hora en el paritorio y estaba cansada. El músciulo del periné era demasiado fuerte y poco flexible, por lo que no dejaba salir al bebé. No sé si me lo dijeron o no, pero hicieron una episiotomía y el bebé tardo tres pujos en salir. Se acabaron las 3 horas y media completamente agotadoras de expulsivo.
Me pusieron a mi hija sobre el abdomen y empezó nuestra nueva vida.
Conclusión
La episiotomía para mí era importante y la tenía miedo. Miedo a las pérdidas de orina, a las relaciones sexuales dolorosas o menos satisfactorias, al factor estético...
Los primeros días del postparto no estaba a gusto sabiendo lo que me habían hecho. A ratos pensaba que me podía haber callado, no haber dicho nada de que no quería episiotomía y me hubiera ahorrado esfuerzo y la maniobra de Kristeller. Pero lo prefiero así, me siento "en paz conmigo misma y con el personal que me atendió", porque tuvieron paciencia y me permitieron un tiempo.
La cara de la matrona me resultó conocida, era la misma que me hizo los monitores la semana anterior. También ella me reconoció y me tranquilizó ver su cara sonriente y oír su voz.
Vino otra contracción que me pilló de pie, así que entre tanto profesional me puse de cuclillas a esperar a que pasara. Las contracciones ya no me hacían llorar, ya no me sentía tan vulnerable como cuando llegué al hospital.
Me pidieron que me tumbara para hacerme un tacto, y no sé qué se me pasó por la cabeza que quise pasar al baño por si me hacía pis durante el tacto... Me tumbé en la camilla (otra vez boca arriba, ¡horror!), y la matrona confirmó que estaba de 4 cm e introdujo un tubito con luz para verificar que tenía las aguas teñidas (esta prueba se llama amnioscopia). A continuación, cogió un palito (lanceta) para romperme la bolsa.
Nota: Supongo que rompieron la bolsa para confirmar si las aguas estaban teñidas y como mecanismo para acelerar el parto. Sin embargo en El parto es nuestro hay un artículo sobre "rotura artificial de la bolsa" que dice lo siguiente:
El único caso en el que está justificada la rotura artificial de membranas es para extraer sangre al feto y medir el pH del bebé (...). Esta medida se ha comprobado que reduce el número de cesáreas innecesarias. Sin embargo no está justificado su uso en los siguientes casos:
- Para verificar el color y aspecto del líquido amniótico, no hace falta romper la bolsa, se puede hacer sin romperla con una amnioscopia.
- Para poner el monitor interno sí es preciso romper la bolsa. La cuestión es ¿por qué es necesario usar el monitor interno si existe el externo? No hay ningún estudio que avale una mayor seguridad de la monitorización interna vs externa salvo en personas con obesidad mórbida.
No me gustó que me rompieran la bolsa, pero sabía que las aguas teñidas no eran muy buenas noticias, así que no rechisté. Poco después me pusieron la vía y llegó el anestesista.
En el Hospital 12 de Octubre cabe la posibilidad de pedir la Walking Epidural. Es una analgesia que permite a la embarazada utilizar sus piernas al mismo tiempo que alivia el dolor de las contracciones y te permite adoptar posturas más favorables a la dilatación, caminar o utilizar un balón de pilates durante la dilatación.
Mientras me preparaban para la epidural, llegaron más contracciones. El anestesista me dijo que tenía que respirar más relajadamente para que el feto no se quedara sin oxígeno.
Me habían contado que el momento en el que te ponen la epidural era bastante molesto, pero en mi caso no fue así, quizá porque el dolor de las contracciones ya era fuerte o quizá porque el anestesista lo hizo estupendamente. Me dijo que tardaría una media hora en hacerme efecto, pero a partir del pinchazo no volví a sentir dolor... ¿Efecto placebo?
Aprovechando la Walking Epidural, me puse a caminar por el pasillo con mi madre y mi marido hasta que noté que el dolor de las contracciones volvía. Esta vez no como un dolor de espalda, sino como dolor "soportable" en el hueso de una de las caderas (con la epidural puede que una de las piernas se duerma más que la otra). No dije nada, y al poco tiempo volvimos a la habitación. Traté de utilizar el balón de pilates, pero la monitorización fetal externa no funcionaba bien cuando me sentaba y perdía el latido fetal, así que me quedé de pie balanceándome un poco sobre la pelvis.
Pronto el dolor volvió a ser importante, así que llamamos a la matrona. Me pusieron la epidural "normal" aunque debía ser floja, porque podía cambiar de postura y estar a 4 patas...
La matrona me hizo de nuevo un tacto y confirmó que estaba completa. ¿Completa? No me lo podía creer, sólo llevaba 2 horas y media en el hospital. Creo que me puso un enema, aunque no estoy segura y me enseñó a empujar. Me pidió que me quedara empujando tranquilamente cuando vinieran las contracciones, sin cansarme.
Con epidural, las contracciones se sienten muy diferentes, así que al principio necesitaba que me avisaran cuando venía la contracción, pero en 3 o 4 pujos me di cuenta de que el dolor de caderas coincidía con las contracciones. Al principio ese dolor era suave, y empujaba tranquilamente, pero fue creciendo y la postura en la que mejor aguantaba el dolor era a 4 patas (y culo al viento).
Vino de nuevo la matrona y me contó que mi bebé estaba ya "en tercer plano", que tenía que esperar a que bajara y rotara.
Se me ocurrió que si ella podía tocar su cabecita, yo también, y le pedí permiso para "autoexplorarme". ¡Qué sensación tan extraña tocar los pelitos de mi bebé por primera vez, y recorrer con mis dedos en décimas de segundo el camino que a ella le llevaría horas recorrer! Me emocioné tanto que insistí en que mi marido también lo hiciera. Con lo vergonzoso que es estoy segura de que fue un mal trago para él.
Estuve unas 2,5 horas empujando en la sala de dilatación hasta que me pasaron a paritorio. Antes de entrar les recordé que no quería que me hicieran episiotomía salvo necesidad extrema.
En el paritorio intentaba empujar con todas mis fuerzas, pero a veces me venía abajo porque pensaba que no lo hacia suficientemente bien. Los ánimos parecen una tontería hasta que estás allí.
Cuando ya estaba bastante cansada, me avisaron de que con cada empujón, mi bebé asomaba los pelitos pero volvía a meterse, así una y otra vez. Abrí los ojos y vi que alguien hacía una seña a otro como de una tijera, y lo entendí, así que dije bien alto que no quería episiotomía.
Un ginecólogo se puso a mi lado y me colocó la mano sobre la barriga practicando la maniobra de Kristeller. Me dolía que empujara, me dolía mucho. No quiero pensar lo que puede doler que apoyen el codo o que se suban sobre ti, porque para mí era muy molesto. Le pedí que no lo hiciera, pero supongo que estaba intentando evitar la episiotomía. La persona que estaba entre mis piernas, dirigiendo el parto, tiraba de la abertura de la vagina para facilitar al bebé que asomara, pero ni por esas.
No podía más, llevaba ya una hora en el paritorio y estaba cansada. El músciulo del periné era demasiado fuerte y poco flexible, por lo que no dejaba salir al bebé. No sé si me lo dijeron o no, pero hicieron una episiotomía y el bebé tardo tres pujos en salir. Se acabaron las 3 horas y media completamente agotadoras de expulsivo.
Me pusieron a mi hija sobre el abdomen y empezó nuestra nueva vida.
Conclusión
La episiotomía para mí era importante y la tenía miedo. Miedo a las pérdidas de orina, a las relaciones sexuales dolorosas o menos satisfactorias, al factor estético...
Los primeros días del postparto no estaba a gusto sabiendo lo que me habían hecho. A ratos pensaba que me podía haber callado, no haber dicho nada de que no quería episiotomía y me hubiera ahorrado esfuerzo y la maniobra de Kristeller. Pero lo prefiero así, me siento "en paz conmigo misma y con el personal que me atendió", porque tuvieron paciencia y me permitieron un tiempo.
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viernes, 8 de marzo de 2013
Nuestro parto (II): La llegada al hospital
En esta entrada contaba las primeras horas de parto, que las pasé tranquilamente en casa, en un ambiente íntimo, adoptando las posturas que más calmaban el dolor y con los cuidados y el cariño de los míos.
Hacia las 9 de la mañana, con 4 cm de dilatación, llegamos al hospital. Nos pasaron a la sala de espera, donde recuerdo ver a dos embarazadas y sus parejas, una de ellas con mascarilla. Aguantar las contracciones sentada se me hacía muy duro, así que puse las rodillas sobre la silla y apoyé los brazos sobre el respaldo (culo en pompa). Aunque aliviada, verme en esta postura, oírme respirar y jadear (no os miento si os digo que mis sonidos recordaban a orgasmos de película... aunque la sensación era bastante diferente), me hizo sentir de nuevo desamparo y excesivamente expuesta, y volví a romper a llorar. Recuerdo arrepentirme de haber ido al hospital.
El trabajo de parto es un acto involuntario, como lo es el orgasmo, y requiere de la segregación de una serie de hormonas. Especialmente importante en este proceso es la oxitocina, una hormona "tímida" que para segregarse requiere de un ambiente íntimo, sosegado, seguro y tranquilo. Al llegar al hospital es normal sentirse fuera de lugar y sin control sobre lo que está ocurriendo, esto genera estrés y suele inhibir la segregación de oxitocina, con lo que las contracciones que estabas sintiendo cada 3 minutos pasen a sentirse cada 7.
En mi caso, salir de mi nido donde estaba llena de cuidados y besos, donde me comportaba como me apetecía sin pensar en lo que debía o no hacer o decir, y verme en el hospital con aquella luz tan blanca, tantas caras mirándome, y sentir que no era capaz de "mantener las formas" (estar sentada normal y no respirar con ruidos), me estresó y asustó, y las contracciones disminuyeron muchísimo su frecuencia, aunque cuando aparecían lo hacían con la misma intensidad. Aunque me daba cuenta de que tenía menos contracciones, el espacio entre una y otra no era capaz de descansar y disfrutarlo, porque esperaba asustada la siguiente: asustada porque me pillara de pie, o sentada, o porque justo en ese momento me tocara hablar...
En pocos (y eternos) minutos, nos atendieron. Una médico joven comenzó a preguntarme por antecedentes de cáncer en mi familia, hipertensión, diabetes,... Pocas veces alguien me ha sacado tanto de mis casillas (pero no era culpa de la médico). Me pidió que me tumbara para explorarme (horror y pánico sólo de pensar en recibir la siguiente contracción subida a la camilla aquella), verificó que estaba de parto, pero no me dejaba bajarme y tampoco me explicaba el porqué. Cogió algo y miró y remiró, y pidió ayuda porque creía que las aguas estaban teñidas de meconio. Escuchar aquello me puso los pelos de punta, aunque he leído muchísimo sobre partos y sobre sus posibles complicaciones, no conseguía recordar qué riesgos había cuando las aguas estaban teñidas.
NOTA: Algunas veces el líquido amniótico está manchado de meconio, con el riesgo de que el bebé experimente un síndrome de aspiración de meconio (por eso si tu parto se inicia con rotura de bolsa, y las aguas estás "sucias", debes ir al hospital de manera urgente).
Por fin, una voz tranquila de mi madre me relajó "En mis dos partos las aguan venían un poquito teñidas y vosotros nacisteis sanitos y sin problemas". Confirmaron que las aguas estaban teñidas, aunque decidieron no romper la bolsa allí, y me permitieron pasar a la sala de dilatación (contracción mediante en mitad del pasillo...).
Aquí lo dejo para no hacer una entrada muy pesada, y porque mi bebé me reclama.
Hacia las 9 de la mañana, con 4 cm de dilatación, llegamos al hospital. Nos pasaron a la sala de espera, donde recuerdo ver a dos embarazadas y sus parejas, una de ellas con mascarilla. Aguantar las contracciones sentada se me hacía muy duro, así que puse las rodillas sobre la silla y apoyé los brazos sobre el respaldo (culo en pompa). Aunque aliviada, verme en esta postura, oírme respirar y jadear (no os miento si os digo que mis sonidos recordaban a orgasmos de película... aunque la sensación era bastante diferente), me hizo sentir de nuevo desamparo y excesivamente expuesta, y volví a romper a llorar. Recuerdo arrepentirme de haber ido al hospital.
El trabajo de parto es un acto involuntario, como lo es el orgasmo, y requiere de la segregación de una serie de hormonas. Especialmente importante en este proceso es la oxitocina, una hormona "tímida" que para segregarse requiere de un ambiente íntimo, sosegado, seguro y tranquilo. Al llegar al hospital es normal sentirse fuera de lugar y sin control sobre lo que está ocurriendo, esto genera estrés y suele inhibir la segregación de oxitocina, con lo que las contracciones que estabas sintiendo cada 3 minutos pasen a sentirse cada 7.
En mi caso, salir de mi nido donde estaba llena de cuidados y besos, donde me comportaba como me apetecía sin pensar en lo que debía o no hacer o decir, y verme en el hospital con aquella luz tan blanca, tantas caras mirándome, y sentir que no era capaz de "mantener las formas" (estar sentada normal y no respirar con ruidos), me estresó y asustó, y las contracciones disminuyeron muchísimo su frecuencia, aunque cuando aparecían lo hacían con la misma intensidad. Aunque me daba cuenta de que tenía menos contracciones, el espacio entre una y otra no era capaz de descansar y disfrutarlo, porque esperaba asustada la siguiente: asustada porque me pillara de pie, o sentada, o porque justo en ese momento me tocara hablar...
En pocos (y eternos) minutos, nos atendieron. Una médico joven comenzó a preguntarme por antecedentes de cáncer en mi familia, hipertensión, diabetes,... Pocas veces alguien me ha sacado tanto de mis casillas (pero no era culpa de la médico). Me pidió que me tumbara para explorarme (horror y pánico sólo de pensar en recibir la siguiente contracción subida a la camilla aquella), verificó que estaba de parto, pero no me dejaba bajarme y tampoco me explicaba el porqué. Cogió algo y miró y remiró, y pidió ayuda porque creía que las aguas estaban teñidas de meconio. Escuchar aquello me puso los pelos de punta, aunque he leído muchísimo sobre partos y sobre sus posibles complicaciones, no conseguía recordar qué riesgos había cuando las aguas estaban teñidas.
NOTA: Algunas veces el líquido amniótico está manchado de meconio, con el riesgo de que el bebé experimente un síndrome de aspiración de meconio (por eso si tu parto se inicia con rotura de bolsa, y las aguas estás "sucias", debes ir al hospital de manera urgente).
Por fin, una voz tranquila de mi madre me relajó "En mis dos partos las aguan venían un poquito teñidas y vosotros nacisteis sanitos y sin problemas". Confirmaron que las aguas estaban teñidas, aunque decidieron no romper la bolsa allí, y me permitieron pasar a la sala de dilatación (contracción mediante en mitad del pasillo...).
Aquí lo dejo para no hacer una entrada muy pesada, y porque mi bebé me reclama.
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martes, 5 de marzo de 2013
Nuestro parto (I): 8 horas en casa
Teníamos perfectamente planificado cómo reaccionar el día en que me pusiera de parto: Mi madre, como os he contado infinidad de veces, es matrona y teníamos previsto llamarla cuando las contracciones empezaran a ponerse serias para que nos acompañara el máximo tiempo posible en casa y llegar al hospital cuando las contracciones fueran tan dolorosas como para pedir la epidural.
El día que cumplía las 40 semanas no fue demasiado especial. Llevaba tres días expulsando tapón mucoso y me habían hecho la maniobra de Hamilton cinco días antes sin ningún éxito (¡mejor!).
Esa tarde, con mi ginecólogo, vimos por última vez la cara de nuestra bebé en blanco y negro y me repitieron la maniobra de Hamilton (¡qué alguien me explique ese empeño, por favor!) y por la noche, después de cenar, decidimos dar un paseo largo e ir en busca de unos helados (¿helados en febrero?). Por el camino sentí algunas contracciones, como los días anteriores, y mi marido iba haciendo fotos de cada cosa que hacíamos. Algo le hacía pensar que esa noche se quedaría en nuestro recuerdo.
Llegamos a casa, y como todos los días nos metimos en la cama antes de medianoche. Yo empecé a estar incómoda y él cayó dormido al instante. Sobre las 12.30 empecé a contar el tiempo de las contracciones, porque me resultaba imposible estar tumbada, y... ¡sorpresa! Eran perfectamente rítmicas y se repetían cada 5 minutos.
Desperté a mi marido y le dije que me iba al sofá, que no aguantaba más en la cama. Intentamos poner una serie pero a mí se me hacía imposible prestar atención. Una hora más tarde las contracciones seguían y la sensación se había intensificado. No quería llamar a mi madre aún, pues no habían pasado las dos horas de contracciones cada 5 minutos con las que recomiendan ir al hospital, así que me metí en el baño y cuando venía el dolor mi marido aplicaba agua calentita en los riñones.
Me esperaba que la sensación de contracción estuviera más dirigida hacia la barriga, quizá hacia la pelvis... pero en mi caso era un dolor de riñones en toda regla.
Así nos dieron las 03.00 de la madrugada y decidimos avisar a mi madre, que en cuanto llegó me sacó de la bañera porque dijo que frenaba la dilatación. ¡Qué pena! Yo estaba tan a gusto en el agua... Me hizo un tacto vaginal y vio que estaba muy poquito dilatada, quizá 2 cm. Como el dolor de las contracciones era soportable, decidimos seguir en casa algunas horas más.
El reloj avanzaba y las contracciones iban y venían. Cuando venían, el dolor me pedía estar a 4 patas y calor en la espalda (¡gran invento la bolsa de agua caliente!), pero cuando se iban podía tener una conversación normal y estaba de buen humor. Poco a poco fuimos pasando la noche y llegó un momento que entre contracción y contracción mi cuerpo ya no descansaba, el dolor no desaparecía del todo y el rato de descanso, cada vez más corto, yo sólo quería estar tranquila y concentrada.
Hacia las 8 de la mañana mi madre me volvió a repetir el tacto (veredicto: las contracciones boca arriba duelen más) y ya estábamos más avanzadas: 4 cm de dilatación. Mi marido llamó al ginecólogo mientras me vestía y bajamos a coger el coche para ir al hospital. En la calle, justo antes de entrar en el coche, tuve una contracción muy fuerte, de esas que te doblan, y vi algunas caras conocidas de vecinos que iban al trabajo fijándose en mí. La sensación de desamparo y de estar expuesta fue tan grande que rompí a llorar como una niña pequeña y así me pasé el viaje al hospital. Y es que al fin y al cabo, como me dijo Mamá(contra)Corriente por otro motivo, somos mamíferas, y las mamíferas hacen su nido en una zona tranquila y oscura...
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