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lunes, 5 de agosto de 2013

El apoyo durante la lactancia #SMLM2013

Aunque nuestro mundo 2.0 esté lleno de mamás que apoyamos la lactancia materna, no es esta la actitud reinante en el día a día. Por eso quiero unirme la Semana Mundial de Lactancia Materna que organiza la WABA bajo el lema "Apoyo a las madres que amamantan: cercano, continuo y oportuno".



Las madres que amamantamos tenemos la suerte de que la lactancia materna cuenta con representación en las redes sociales, en grupos como los organizados por La Liga de la Leche, entre el personal sanitario... Pero ¿dónde está el apoyo CERCANO? Mientras no seamos más las mamás lactantes "convencidas" seguirá faltando ese hombro al que arrimarte cuando te asaltan las dudas o te pueden los comentarios de las personas a las que quieres. 

Ya conté aquí cómo fue nuestro comienzo de la lactancia. Afortunadamente es sabido por (casi) todo el mundo que lo mejor para los recién nacidos es la leche materna y en los inicios quizá era pesado escuchar otra vez a tu tía eso de que hay que ponerlos quince minutos en cada pecho o a tu suegra que si hay que dejar pasar al menos 2 horas entre toma y toma, pero al menos todos remábamos en la misma dirección: la teta es lo mejor.

Pasan los meses y pasan las grietas, los dolores, las dudas de los primeros días. Aprendemos a pasar olímpicamente de quien nos dice que quizá tu leche no le hace bien a tu hija y por eso vomita y de la amiga que nos sugiere que ante tu inminente vuelta al trabajo deberías introducir biberones. Porque a todo aprende una. Y por fin disfrutamos, esto de la lactancia va rodado. O casi.

Nuestro bebé cumple los 4 meses y el apoyo inicial comienza a esfumarse. Los pediatras comienzan a recomendar cereales porque va muy floja de peso, la suegra está deseando que su nieta tome biberones para que mamá no sea tan imprescindible, otras mamás preguntan si ya toma papilla de frutas,... Y yo me pregunto qué parte de la frase "lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses" no queda suficientemente clara, a unos y a otras.

Gracias a muchísimas madres que lo han peleado lo normal hoy en día en España es amamantar a los recién nacidos, o intentarlo al menos. Amamantar es algo que se aprende y cada vez hay más medios (aunque siguen sin ser suficientes) para conseguir ayuda si existen problemas al iniciar la lactancia. Pero tal y como muestran las estadísticas la lactancia se abandona enseguida y son muy pocos los bebés que cumplen los 6 meses y siguen siendo amamantados por sus madres. Y menos aún con lactancia materna exclusiva.

En nuestro caso, mantener la lactancia materna exclusiva está siendo fácil, muy fácil. Tenemos una gran red de apoyo: los abuelos maternos siempre tienen un aplauso de reconocimiento para mí como mamá lactante y unas bonitas palabras para su nieta y lo bien que se está criando a la teta (esté en el percentil que esté), el padre rema en la misma dirección, vivir en una gran ciudad hace posible conocer a otras mamás lactantes que ya pasaron por esto y el mundo de la blogosfera maternal verdaderamente te hace sentir acompañada.

Me doy cuenta de la ayuda y el soporte que me supone esa gran red de apoyo para seguir amamantando sin dudar de si podría hacer algo mejor por mi hija ¡aunque amigas o familiares me bombardeen con los malditos cereales! Por eso creo que el apoyo CERCANO, CONTINUO Y OPORTUNO a las madres que amamantan es fundamental, la leche materna debe ser el alimento principal de los bebés hasta al menos el año de edad y todos debemos acompañarlas en ese camino que a veces puede hacerse cuesta arriba.

miércoles, 19 de junio de 2013

Delantales para lactancia

Creo que todas estamos de acuerdo en que no nos gustan las miradas indiscretas cuando damos el pecho. Algunas, entre las que me incluyo, nos sentimos más cómodas evitando llamar la atención e intentamos que la teta no quede expuesta más allá del acto de enganche y desenganche del bebé.

Para sorpresa de muchas de las personas que me conocen, yo no necesito sentarme en la última esquina de una cafetería, me basta con no ponerme a la entrada o en un ventanal. Incluso me molestan las invitaciones de mi madre a dar la vuelta a la silla, ponerme de espaldas o cubrirme con su chaqueta, pañuelo o con cualquier cosa que pille por delante. Ni mucho menos necesito un delantal de lactancia.

Tengo la sensación de que estos delantales se han inventado para que el de enfrente se sienta cómodo y sinceramente, cuando doy el pecho a mi hija el de enfrente me importa un pimiento. Además en estos 4 meses de lactancia (nacional e internacional) las miradas incómodas han sido verdaderamente una excepción así que, ¿por qué cargar con más chismes? Pañales, toallitas, monedero, móvil, y el delantal, que no se me olvide... Además de que flaco favor hacemos a la sociedad actuando con tanta discreción que la gente pueda pasar por nuestro lado sin darse cuenta de que estamos dando el pecho. Así nunca se normalizará un acto que no puede ser relegado exclusivamente al ámbito privado (porque el bebé no entiende de horarios ni rutinas). 
Imagen de Bebesentidos
He leído por ahí que son chismes sin sentido, que son un invento de las tiendas para que si no compras biberones y leche en polvo, al menos te lleves tu delantal y tu sacaleches. Sin embargo yo conozco a dos mujeres que han utilizado delantales de lactancia y curiosamente tengo la sensación de que son mujeres a quienes la maternidad ha despertado una imperiosa necesidad de entrega a su bebé pero que simultáneamente quieren cumplir con todo lo que se espera de ellas. Son mujeres a quienes la maternidad ha revolucionado pero no quieren que eso trascienda a su ámbito social o laboral. 

Eso me ha llevado a pensar que quizá la mujer que opta por utilizar un delantal se sentiría tan vulnerable dando el pecho públicamente que esa tela está protegiendo su lactancia. El delantal es algo así como un escudo frente a las miradas indiscretas, pero sobre todo frente a las opiniones ajenas. 

Y tú, ¿utilizarías un delantal de lactancia?, ¿les encuentras sentido?

viernes, 24 de mayo de 2013

Menstruación en la lactancia

Tres meses me ha dado de tregua la menstruación tras el parto: el mismo día en que mi bebé cumplió los tres meses me encontré con las bragas teñidas de rojo. 

Que haya pillado por sorpresa se debe a que no me ha dado la gana leer las señales: flujo tipoclaradehuevo durante unos días que luego desaparece, ánimo por los suelos de la noche a la mañana, cansancio infinito,... Casualidad o no, más o menos en las mismas fechas el pelo empezó a caérseme a matojos.

Había leído que la lactancia materna a demanda retrasa la aparición de la regla, pues las hormonas que "dan orden" de generar la leche, también inhiben la ovulación. Es un mecanismo natural para evitar un embarazo cuando estamos tan entregadas a un bebé. De hecho existe un método anticonceptivo, el método MELA, basado en estos principios. No confiaba en el método MELA como método anticonceptivo (menos mal!) pero sí esperaba librarme de la regla durante una temporada. Teta, colecho y porteo a todas horas... En qué momento mi cuerpo ha pensado que mi hija está lista para compartirme con un hermanito? 

Como decía anteriormente, la regla ha llegado con todo su bombazo hormonal (y desplegando artillería pesada). Aún tengo muy vivo el recuerdo de la tristeza postparto y esto no es tan diferente. Pero a la tristeza o melancolía puramente hormonal hay que añadir cierta decepción porque no comprendo a mi cuerpo, no entiendo que para él haya terminado la etapa del embarazo/parto/puerperio cuando yo aún me siento casi recién parida. Incluso me desconciertan los "dolores de regla" porque ahora mismo no los identifico con la menstruación, sino con los loquios del comienzo de la lactancia. 

Y para rematar el asunto, ya conté que hacía años que había dejado de usar compresas y tampones gracias a la copa menstrual, con la que estaba encantada. Pues tras el embarazo y el parto, aunque me la he puesto, noto la vagina muy sensible y no estoy cómoda (al menos no se cae, que era uno de mis miedos). 

En fin, como a todo hay que buscarle su lado bueno, las mamás más veteranas me han dicho que la regla también marca el comienzo de "la vuelta a la normalidad". La que no se consuela es porque no quiere...

sábado, 27 de abril de 2013

Comenzando la lactancia

Siempre tuve claro que daría el pecho a mis hijos pero, cuando me fui acercando a la maternidad a través de amigas, familiares o bloggers, me di cuenta de que aquello no era tan fácil, y los primeros días de lactancia podrían venir acompañados de dolor, grietas, dudas, ... Así que preparé mi bolsa del hospital sin olvidar meter el Purelán. Las esperé, pero las grietas, las dudas y los dolores nunca llegaron.

La lactancia en nuestro caso ha sido coser y cantar. Fácil, bonita, íntima,... y sí, hay algo de suerte en ello, pero echando la vista atrás creo que hay algunos aspectos que nos han ayudado a mi hija y a mi en este camino:

1- El contacto "piel con piel" precoz
En el hospital donde di a luz se practica y respeta el "piel con piel": cuando el bebé nace pasa 2 horas en contacto directo con su madre, sin lavar ni vestir y sin que nadie interrumpa. Las visitas deben esperar esas dos horas fuera, y sólo el padre puede estar en la sala. El test de Apgar y cualquier prueba que haya que realizar se hace mediante observación, y todo aquello que puede esperar (pesar y medir al bebe, vitamina K,...) se pospone (siempre y cuando el estado del bebe y de la madre lo permitan).
En el paritorio, mi hija ya hacia movimientos decididos para acercarse al pecho. Y cuando nos pasaron a la sala donde íbamos a descansar esas dos horas, siguió insistiendo. Al no terminar de conseguirlo le entró un berrinche monumental y como la matrona que nos atendió era conocida, entró a ver qué nos ocurría y la cogió en brazos. A mí no me hizo mucha gracia que la separarán de mí, pero debo reconocer que fueron pocos minutos y al ver que se calmaba me relajé. Luego mi marido cogió a la niña y la dejó completamente calmada. Después de eso, la puse encima de mí y se agarró.
Fuente: Recomendaciones sobre lactancia materna de la AEPED

2- Cambiar de postura
No se me había ocurrido que amamantar en distintas posiciones pudiera ayudar a evitar problemas, pero ahora creo que que variar de postura hace que cambie la zona "más sufrida" del pezón, y evita dolores en la fase de "acoplamiento" entre el bebe y la madre. Yo tenía verdadero interés en "aprender" a amamantar en distintas posiciones porque siempre me ha llamado la atención que mis amigas daban el pecho sentadas con el bebe en su regazo incluso por las noches. El día del nacimiento de mi bebé solo la amamanté tumbada, que es como me ayudaron a ponerla al principio. Al día siguiente pedí ayuda para darle el pecho sentada (la postura clásica), y el día que volvimos a casa mi madre me ayudó a ponerla a caballito. Desde entonces, aunque tenemos nuestras favoritas, las alternamos e incluso introducimos variaciones. Creo

3- Conocimiento
Leer, hablar, preguntar,... Intenté absorber toda la información posible relacionada con la lactancia durante el embarazo y los años previos. Aunque hoy en día es difícil conocer la lactancia materna desde un punto de vista práctico (concretamente yo sólo he vivido la lactancia de mi hermano, que duró unos 3 meses y fue mixta), hay muchísima información al respecto y como madres y padres, tenemos la obligación de aprender algunas cosas para recibir de la mejor manera posible a nuestros bebés. Conocer al menos la parte teórica de la lactancia me proporcionó una tranquilidad absoluta.
El día después del parto aún no había visto salir una sola gota del pezón, pero mi hija se agarraba y succionaba. Casi todas las personas que nos visitaron esos días me preguntaron si me había subido la leche y yo no sabía que contestar. Suponía que no porque no notaba nada y no veía gotas, pero no me importaba lo más mínimo, sabía que hacíamos lo correcto, ella mamando y yo ofreciéndola mi pecho en cuanto abría un ojo. Tenía confianza plena en que mi cuerpo no iba a dejar a mi bebe morir de hambre o sed, que saliera leche era cuestión de tiempo (creo que aunque yo no lo viera, evidentemente había calostro).
Más adelante, en las reuniones postparto algunos padres me han hablado de la tranquilidad que les aportó dar al bebé una jeringa con leche de fórmula la primera noche, pues saber que su hijo estaba alimentado les permitió enfrentarse con más sosiego a la lactancia. Desde mi punto de vista es necesario mantener la calma, pero más efectivo que esa jeringa de leche de fórmula es tener información y confiar en tu nuevo cuerpo de madre.

4- Pedir ayuda
Tengo la suerte de que mi madre sabe bastante más de lactancia de lo que suele ser normal, y de que nos acompañara desde las primeras contracciones. Aún así, el ritmo de visitas y su horario de trabajo no me permitió pedirle toda la ayuda que necesitaba. Di a luz en un hospital IHAN, donde se apoya manifiestamente la lactancia materna, y ante el más mínimo problema pedimos ayuda a las enfermeras. Algunas te atienden con más cariño que otras, pero siempre que tuve problemas para enganchar a mi hija al pecho, alguien me ayudó.

5- Apoyo
Contar con el apoyo de la pareja es esencial. En primer lugar para que valore ese trabajo extra que conlleva ser mamá lactante frente a ser papá, y por tanto él debe asumir y liberarme de otras tareas. Pero también porque durante los primeros días se escuchan barbaridades de boca de las visitas y es necesario que alguien frene a esa tía que repite insistentemente que cambies al bebé de pecho, a esa suegra que no te quiere dar al bebé porque aún "no le toca la toma", a ese amigo que opina que le estás cebando,... Si al apoyo de la pareja se suma el de los abuelos, ¡¡para qué queremos más!!

6- Ni chupetes ni biberones durante las primeras semanas
Nos parecía obvio, si queríamos que nuestro bebé se enganchara bien a la teta, mejor no confundirle con tetinas de silicona... pero por lo visto no todo el mundo opina lo mismo. A mí me parece que esto nos ayudó.

7- Colecho en el hospital 
Las primeras noches estaba incómoda con la cicatriz de la j***** episiotomía, así que dejé al bebé en mi cama. Quizá dormí menos profundamente que si hubiera estado en su cuna, pero me resultaba fácil ofrecerle el pecho y no tenerme que levantar me quitaba estrés y cansancio.

¿Creéis que es sólo cuestión de suerte evitar grietas y dolores, o por el contrario pensáis que estos factores han podido facilitar el proceso?

viernes, 7 de diciembre de 2012

La gota de leche (editado)

El martes 4 de diciembre, a un día de cumplir la semana 29 de embarazo, llegué del trabajo y, antes de hacer la cena, me fui a poner el pijama. Como cada día al desvestirme, me miré: miré mi barriga, que cada día me parece más enorme con ese ombligo que lleva dos semanas más fuera que dentro, recorrí con un dedo la línea negra que divide mi barriga en dos, observé mis pezones, más oscuros de lo que nunca hubiera imaginado...  Mis pezones, que  me parece que tuvieran vida propia porque evolucionan a su ritmo y últimamente los noto muy diferentes, a veces duelen, y tienen pequeños relieves. Acerqué un dedo y, como cuando notas una zona en tu piel diferente, apreté con él suavemente y lo deslicé... y entonces apareció: ¡una gota! 

Alucinada, volví a apretar y la gota creció. Una gran gota amarilla en mi pezón derecho. A gritos, llamé a mi marido, por un lado  la necesidad de compartirlo todo con él, pero también porque ese color tan amarillo no era lo que yo esperaba, la verdad. A él le encantó aquello y se fue a por la cámara de fotos a fotografiar "nuestra primera gota". Me encanta que quiera captarlo todo y vivir cada cambio a mi lado y me hace valorar muchísimo a las futuras mamás que se enfrentan a la maternidad en solitario.

A mí la gota me removió. Primero, por el color tan amarillo (amarillo pus), muy lejano de la idílica imagen que tenía en mi cabeza de una gotita blanca saliendo del pezón de una madre. Más tarde descubrí que el calostro puede tener un color anaranjado o amarillo y que se empieza a producir ya durante la primera mitad del embarazo. Para muestra esta foto que he encontrado en la página de facebook Carlos González + Apego, a la izquierda calostro y a la derecha leche materna.

Imagen tomada de aquí 
Debo reconocer que me causó algo de rechazo e incluso le planteé a mi marido si seguía pareciéndole atractiva después de ver aquello y si seguiría queriéndose acostar conmigo (a lo mejor os parece un poco subido de tono este pensamiento para un blog, pero así me sentí), y me juró y me perjuró que estaba orgulloso de mí, de mi cuerpo y que incluso lo sentía algo suyo.

Además, la gota me hizo enfrentarme al calendario "coño, la niña ya está aquí", y es que 75 días para salir de cuentas no son nada. 

Desde ese día han cambiado mis sueños, tengo ganas necesidad de preparar mi casa, me he dado cuenta de que el embarazo pasa y me gustaría ser más consciente, parar el tiempo, disfrutar... Quizá busque alguna clase de yoga prenatal, pero mi horario complica mucho casi todo.

En fin, cuantos grandes cambios puede provocar una pequeña gota -amarilla-.